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Nov 10

Una paradoja en el desierto de Namib, Swakopmund

CiudadLa bruma
Tres semanas de recorrido por toda la geografía namibiana por motivos de trabajo es una buena oportunidad para ventilar asuntos laborales con colegas de profesión vinculados con las actividades constructivas que desarrollamos, pero es además un buen momento para conocer a este país, que a mí se me antoja sorprendente, a pesar de una lacónica caracterización que habla de un territorio limitado por dos desiertos, Kalahari y Namib y una Meseta Central. Unos 360 kilómetros separa a Windhoek, capital de Namibia, del asentamiento urbano de Swakopmund.
El viaje, monótono para los que estamos habituados a estos parajes, grandes extensiones de terreno donde crece un pasto de color amarillo opaco golpeado por una persistente sequía, propia de esta época del año, sólo se ubican contados asentamientos a lo largo de la vía, que se van haciendo cada vez más escasos hasta desaparecer, enfrentándonos a un brusco cambio del paisaje, que abre su perspectiva visual para permitirnos observar el imponente desierto de Namib, el más antiguo del mundo, donde la única actividad humana que se percibe, es el ligero tránsito por la ruta de comunicación en la que viajamos y cercanas explotaciones mineras, donde se destaca, la mina de uranio a cielo abierto más grande del mundo.

Extensos espacios desprovistos de vegetación, son salpicados por formaciones de montañas, desde el horizonte parecen tomar coloración azul oscuro o negra, matizado por grandes manchas blancas, estas últimas resultado de los grandes depósitos de arenas que se acumulan en su base arrastradas por los vientos, dándole un inusual aspecto, adicionándole un valor agregado al ya inusitado panorama.

Sin que nos percatemos, el clima cálido, dotado de un cielo azul intenso, que hace recordar al lejano trópico, empieza a ser cubierto por la bruma que se aprecia más acentuada en el horizonte, anunciando la proximidad de la costa Atlántica, donde se ubica el asentamiento urbano de Swakopmund, capital administrativa de la región de Erongo.

La neblina parece cubrir amplias zonas costeras adentrándose varios kilómetros tierra adentro, originada por la corriente de Benguela que es una corriente de aguas frías que se dirige al norte siguiendo la costa oeste de África y produce densas nieblas oceánicas la mayor parte del año; responsable en el pasado, junto con las fuertes marejadas y la existencia de peligrosos bancos de arenas, de un cementerio de barcos depositados en su costa en la zona conocida como “Costa de los Esqueletos”, en referencia a los pecios precipitados hacia su litoral y devorados lentamente por la agreste naturaleza del lugar…

Swakopmund, un asentamiento “alemán”.

Sin tener información previa, en mi primera visita al sitio, del que sólo conocía el inexacto término de afortunados colegas que lo describían, como un lugar bonito. Pobre calificativo para designar un espacio único, por no decir mágico.

Su mercado de artesanías se destaca por la diversidad de las piezas trabajadas en madera y piedras del lugar. Inseparable a esta actividad económica, las himbas, con sus hijos acuesta, formando parte del ambiente del emplazamiento, en un intento por buscar un sustento para su familia a expensas de los curiosos turísticas que visitan el sitio.

DSCN0772

El cielo añil había cedido su lugar para transformarse en un encapotado color gris, acompañado de una percepción de fuerte humedad y una inesperada temperatura fría.

Vistosas señaléticas anuncian nombres de calles y anuncios publicitarios en idioma alemán o su pariente cercano, el afrikáans, el idioma de los colonizadores nativos.

El panorama visual parece estar impregnado de un carácter novelesco con sus hermosas e impecables construcciones que adornaban el emplazamiento. Reflejo de la arquitectura de estilo colonial alemán, que se nos muestra en buena parte de su entramado urbano.

El espíritu germánico ronda aún por estas tierras, para orgullo de los descendientes de los antiguos colonizadores, revelándonos un espacio propio de vitrina urbana.

En un vano intento de hacernos olvidar su pasado colonial, teniendo el triste mérito de haber albergado en su suelo uno de los campos de exterminios creados en estas tierras, que segó la vida de una buena parte de las etnias, nama y herero, identificándose como los precursores de los primeros intentos de genocidios del siglo XX. Historia antecesora de los campos de la muerte nazis que se hicieron tristemente famosos a sitios como Auschwitz…

La ingeniera Hala

Toda esta mezcla de ingredientes, sociales, constructivos, idiomático, climático, históricos… hacían pensar en una absurda paradoja en que era posible viajar en el tiempo desde esta tierra africana a la Europa milenaria, en especialmente a Alemania, lo que no deja de provocarme fuertes evocaciones aparentemente enterradas en una montaña de recuerdos de juventud.
Hala pasaba, junto con un grupo de estudiantes, de casi dos docenas de países, donde yo me incluía, un curso de postgrado de varios meses de extensión, en temas urbanos. Una Universidad  polaca, en la ciudad de Szczecin, realizaba el entrenamiento auspiciado por una organización de las Naciones Unidas.
La primera vez que la vi me saludo con frialdad y mencionó su procedencia árabe, mi intento de saludarla con efusión, como es habitual en mi país y en buena parte del mundo, la hizo dar un gran salto hacia atrás para decirme en un alterado Inglés “…Don’t touch my body”.
Así la conocí, preguntándome, cómo podía ser árabe una mujer tan blanca, de llamativos ojos negros y por demás, de una belleza rara que se negaba a ser encasillada en patrones conocidos.
Mi abuelo siempre habla despectivamente de ¨los moros¨, para referirse a los árabes, supongo que como una prejuiciada herencia legada por su progenitor.

En los días de asueto el grupo seleccionaba invariablemente como lugar de aventura la capital alemana, dividida por el Muro de Berlín, que aún no sabíamos, pero le quedan unos pocos meses de vida. La cercanía a la ciudad donde estudiamos, de sólo una hora de viaje en tren, la hacía sumamente atractiva y barata a nuestras limitadas economías.
A Hala Le gustaba las edificaciones más antigua de la urbe y su historia. Me torturaba haciéndome recordar los principales estilos arquitectónicos y algunos de los principales arquitectos alemanes de la época que malamente yo trataba de encontrar en el saco de los recuerdos de mi pasado estudiantil en los cada vez más desvanecidos conocimientos recibidos en la asignatura sobre la “Historia de la Arquitectura”.
Con ella aprendí que el traje social con que nos arropamos, no nos hace sustancialmente diferente. Una guerra inventada, destruye ahora su país, intereses hegemónicos y la codicia de las riquezas de su suelo suelen ser los verdaderos culpables de este acto de barbarie. Nada sé de ella y su familia, ojala estén a salvo…
La funcionaria namibiana, me saca de mi sopor y pregunta donde localizar a mi colega de labor en el sitio urbano de Swakopmund…

La Esperanza

Una llamada telefónica nos pone en contacto, ahora el ingeniero cubano, nos espera en el exterior de las oficinas del Consejo Regional y sin tiempo para desempacar realizamos una visita de trabajo a una de las obras donde se ejecuta un ambicioso programa masivo de vivienda para personas de bajos ingresos, o sea una parte importante de su población originaria, es precisamente uno de los grandes retos que tiene el país, como forma de reparar una injusticia histórica que permita superar brutales contrastes, como este Swakopmund de ensueños.

En contraposición a la otra cruda realidad que vive una parte importante del pueblo asentado en barrios informales, que es la mejor manera que encuentro para designar sitios como éste que en otros países tienen infinitos nombres, favela, llega y pon, chabola, barrios marginales…

El especialista cubano esta imbricado en la materialización de este vasto programa. Hoy realiza una certificación de las acciones constructivas ejecutadas en las viviendas. El proceso de inserción laboral es complejo, por las conocidas restricciones de los colegios profesionales que es bastante frecuente en muchos países, además de asimilar métodos de trabajo y regulaciones específicas que deben ser respetadas.
A pesar de los obstáculos se avanza teniendo en cuenta el objetivo común, ayudar a solventar uno de los dramas sociales más importante, contar con una vivienda decorosa para la familia namibiana, en esa meta trabaja un colectivo de profesionales cubanos en conjunto con muchos actores de la sociedad namibiana.

Las fotos tomadas no le hacen justicia a la ciudad, la bruma y el atardecer conspiran con la calidad de las imágenes. Así que bien temprano en la mañana reto a la suerte, sólo dispongo de menos de una hora antes empezar un nuevo contacto de trabajo, es de hecho mi última oportunidad de llevarme unas imágenes del sitio.

Penélope
La niebla y una pertinaz llovizna parecen querer frustrar nuevamente mi empeño, pero es, ahora o nunca.
La visita obligada al muelle, las ciudades costeras suelen ser especialmente hermosas, como La Habana con su malecón.
Mientras me empeño en sacar las mejores vistas de su frente de agua, una señora pasa y sonríe.
Luego se detiene y me pregunta, ¿le gusta la ciudad? Le confieso que es una Venecia sin canales, sonríe y me dice enigmática, se ve que usted entiende.
Le pregunto curioso si está de paso, tal vez, porque la observé haciendo unas fotos con su celular, me dice que no, que vive aquí hace muchos años, pero todos los días vuelve al espigón y toma nuevas instantáneas.
Se me escapa una interrogante desafortunada, ¿acaso no son las mismas imágenes? y me dice con énfasis, no, cada día encuentro sutiles detalles diferentes.
Sus ojos azules me miran con desilusión por unos segundos más, frunce el ceño,  da media vuelta y se marcha sin despedirse.
Me pregunto qué sentimiento quedó inconcluso en esta mujer, que todos los días se repite a sí misma, cómo tratando de componer algo que se rompió… ¿Acaso será una nueva Penélope?

PenelopeEl desierto de Namib
Ahora se impone la despedida de este hermoso lugar, con la insatisfacción de conocer a penas una pequeña parte de sus atractivos urbanos y otros sitios paisajísticos de interés ubicados en las zonas colindantes, entre ellos el asentamiento Walvis Bay que significa “Bahía de Ballenas”.
Leo con intereses, en una enciclopedia de Internet, que”… la bahía ha sido un refugio para buques de mar debido a su puerto de profundidades naturales protegido por una lengua de arena de Punta Pelícano. Siendo rico en plancton y vida marítima, estas aguas acercaron grandes número de ballenas que atrajeron barcos balleneros y buques de pesca…”
Aun así no me resigno a perder la oportunidad de acercarme al “verdadero” desierto de Namib, donde están sus famosas dunas en que un grupo de colaboradores cubanos y amigos de Cuba, escalaron una de las más altas del mundo, con sus 380 metros de altura, conocida como Duna 7, próxima al asentamiento urbano Walvis Bay.
Satisfecho este deseo, como diríamos en Cuba, al menos “del lobo, un pelo”, nos despedimos de la región de Erongo, con la aspiración de que nos acompañen en este recorrido virtual por la belleza de la tierra namibiana.
(Texto e imagen gráfica José Alberto Zayas Pérez. Fuente bibliográfica tomada de Internet)

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