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Ene 07

Nueve Meses

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Después de culminar algo más cuatro años de trabajo fuera del país disfruto de mis primeros nueve meses de estancia en compañía de familiares y amigos.
Pienso en las ideas que escribí en un artículo en el Blog bajo la magia de la distancia en una de las fugaces vacaciones a Cuba, intitulado ¨El Breve Espacio¨, donde expresaba ¨…los que están, o trabajan fuera de la Patria, que vienen con los sentidos agudizados, por la ausencia, y los recuerdos congelados del pasado… la realidad cubana no pasa inadvertida, aunque las visiones sean diversas y la manera de interpretar los hechos también…¨
Tratando de reflejar las impresiones recibidas en la cambiante, para bien, realidad cubana donde nuevos actores del panorama económico y social se sumaban al escenario citadino, en una Cuba más abierta al mundo donde el flujo de ir y venir de personas establecían nuevos paradigmas.
Presupongo que fuera de la Patria es mucho más fácil descubrir nuestras virtudes, los cubanos dotados de privilegios que no están precisamente insertados en el ADN al nacer y debo confesar que no son los derechos sociales de los compatriotas lo que más me impresionan y ya es decir bastante, son por antonomasia, sus valores, que conforman esa rara mezcla de atributos que nos identifican como cubanos, donde la solidaridad es unos de sus principales pilares.
El contexto nativo se hace multifacético para un neófito como yo que sólo pretende reflejar las impresiones recibidas aprovechando que aún se mantienen nítidas antes de ser absorbidas y tal vez borradas por la cotidianidad, por eso es el momento de compartirlas, quizás no tengan el valor de la noticia, pero puede llegar con interés aquellos amigos que el tema cubano no les es ajeno.
De tantos aspectos por abordar, además de lo dicho en el artículo pretérito, fueron dos las cuestiones que a mi parece que se hacían muy visibles, lo que no quiere decir que sean las más relevantes, en los comentarios de la gente y en mi propia percepción, son los rigores del tiempo y el desarrollo de Intenet, con sus luces y sombras.
Como era de esperar mi colocación definitiva en el medio laboral y en la cotidianidad del país fue inmediata, confieso que sólo el tiempo se me antojaba ajeno, no sé si estigmatizado por la benigna temperatura de la capital de Namibia, Windhoek, donde residía y que es favorecida por su ubicación a más de 1 700 metros de altitud o será, tal vez, los años en el calendario que parecen hacer fallar cada vez más el ¨termostato interno¨ del cuerpo.
Otros lo achacan, no sin razón, a los cambios climáticos en cierne, acompañados de fuertes lluvias o como pasa ahora, reflejada en una prolonga sequía que viene acompañada por altas temperaturas.
Pienso en el clima namibiano donde la humedad relativa es relativamente baja y la acción de traspirar no es de la más visible por eso ahora es imposible ignorar el sudor que cubre los cuerpos y nos compele a una demanda contante del vital líquido y a buscar espacios de ocio para lo cual lo mismo sirve un viaje a la playa, al río o una ducha prolongada en el hogar.
Mientras abanicos y equipos eléctricos se buscan como paliativos, con frustrantes resultados, lo cual no minimiza las cuentas por pagar en el consumo eléctrico que amenazan con desbordar la economía familiar.
Recuerdo recientemente haber leído en un diaria que el presidente Barack Omaba acababa de inscribir con fuerza el tema medio ambiental en su agenda política, uno más, con una visita al territorio de Alaska, donde recordó el posible cambio de la temperatura del planeta entre 3 y 6 grados celcio al finalizar el presente siglo y me preguntaba si ya no era hora que otros actores, de las más disímiles profesiones, se integren en la busca de soluciones concretas en su campo de actuación más allá de limitarnos a oír o leer todos los días preocupantes informes de los expertos en temas ambientales.
Sinceramente debo confesar que no hay que esperar una centuria para padecer los cambios de la temperatura por venir. Un simple vistazo al termómetro del cuarto de mi casa refleja, para mi asombro, una temperatura de 40 grados celcio a pesar de los 35 grados anunciados para la localidad, las causas, es curioso, están siendo favorecidas por nosotros mismos y para mi pesar mi noble profesión de Arquitecto tiene deudas pendientes por saldar en los temas medio ambientales desde el punto de vista de la planificación urbana, diseño de vivienda y acciones constructivas a implementar.
Por otra parte, he visto algunos amigos en las redes sociales o que seguían con asiduidad el Blog reprochándome cariñosamente mi ausencia, lo cierto es que Internet es una asignatura pendiente que recién se abre para la mayoría de los cubanos, las razones ya ustedes la conocen, las mismas que nos han obligado a sobrevivir por más de medio siglo.
Ha habido un proceso paulatino de inserción en la red de redes, ya existen en los hoteles, universidades, en muchos centros laborales, en club de computación, en salas de navegación, entre otras, pero lo que le ha dado un carácter masivo y pintoresco es su extensión a lugares públicos relevantes en las principales ciudades cubanas en espera de instalar la infraestructura necesaria para su mayor extensión a los hogares.

Como urbanista sé que el estudio los centros históricos o comerciales ha estado dentro de las prioridades de los Planes Directores o Generales, como se le suele decir, recuerdo que la mayoría de las acciones van encaminadas a fortalecer sus actividades mercantiles y recreativas y excluir aquellas que no son afines, pero nunca se nos ocurrió que la extensión de Internet a lugares públicos lograría una nueva e insólita animación en los centros urbanos.
Es curioso ver a los jóvenes y no tan jóvenes copar los más disimiles espacios para navegar con su celular, tableta, laptop…o familias enteras establecer una inusual charla con un interlocutor invisible, donde gestos, sonrisa, llanto o una frase muy cubana hace olvidar el espacio abierto donde ocurre el diálogo, sí, es hermoso, pienso que también son necesidades acumuladas que hoy empiezan a encontrar una respuesta.

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Como cualquier parto nueve meses es suficiente para mí para ver nacer una nueva Cuba, igual y a la vez diferente. Cada cual, de acuerdo a su visión, léase nación o persona, hace su propio proyecto, a veces sin contar con nosotros o peor aún sin conocernos, algunos apuestan al desgaste, a los sueños no realizados, a cambios estructurales, a la ingenuidad política… lo que me recuerda haber visto en la red a algún conocido comentar preocupado, ¿los cubanos adivinan lo que hay detrás del telón?
Otros abogan por darle una oportunidad a la paz, a pesar de todo, navegar si es preciso con el mar turbulento que se nos anuncia y superarnos a nosotros mismos, fuera ya de la urna de cristal y a espacio abierto, consciente que la soberanía tiene un precio por saldar y hay que luchar por ella, créanme, no hay alternativa.

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