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Ene 08

La Casa Blanca

cada blanca espacio natural
Comentaba en el artículo anterior, ¨Nueve Meses¨, referido a los cambios climáticos ¨…sinceramente debo confesar que no hay que esperar una centuria para padecer los cambios de la temperatura por venir… las causas, es curioso, están siendo favorecidas por nosotros mismos y para mi pesar, mi noble profesión de Arquitecto, tiene deudas pendientes por saldar en los temas medio ambientales…¨
Leo con avidez la bibliografía especializada sobre estos asuntos, algunos de los tópicos abordados son asequibles con simplemente consultar las enciclopedias como Wikipedia o EcuRed.
Corriendo el riesgo de cansar a los lectores, pero consciente de la necesidad divulgar la información técnica existente y que de alguna manera necesita ser focalizada para pasar, de preocuparnos por los cambios climáticos, a ocuparnos en acciones concretas en los disímiles campos del saber humano.
Estableciendo puentes entre temas diversos como, el medio ambiente, el urbanismo con sus espacios edificados y su vinculación con la arquitectura bioclimática y las regulaciones urbanas, para comprobar que no están divorciadas más bien convergen en temas comunes en que es necesario tener en cuenta so pena de preguntarnos si estas normas para los lugares habitados están en sintonía con los retos que nos pone la realidad del entorno y que tiene su expresión más cabal en la vida de la gente, agobiada, por sólo poner un ejemplo, con el calor sofocante de estos meses convertido en protagonista de las noticias y charlas diarias entre colegas y amigos.
En este contexto, sería ilustrativo conocer, para entender los procesos, algunos conceptos y antecedentes importantes.
El Urbanismo surge en el siglo XIX para dar respuesta al desarrollo de las ciudades y enfrentar los problemas higiénicos-ambientales de los espacios urbanos. Un siglo después se estableció el Ordenamiento Territorial al comprender que el problema de las ciudades trascendía sus límites y requería ser enfocado tomando en cuenta su entorno regional.
Dentro de estas temáticas la elaboración de las regulaciones, urbanas y territoriales, ocupan un papel preponderante. Como cabe suponer, ante un suelo finito que es motivo de conflicto, es necesario regular el uso y destino del suelo, en otras palabras lo que se puede hacer en el espacio natural o construido a fin de que las acciones individuales no lesionen los intereses colectivos. Por eso no es nada raro encontrar disposiciones regulatorias desde la antigüedad, apreciada incluso en algunos pasajes bíblicos.
En Cuba en distintas épocas se han establecido diversas disposiciones jurídicas- administrativas vinculadas con el ordenamiento urbano a partir de la creación del sistema de asentamientos constituido por las primeras siete villas.
Desde el punto de vista cognoscitivo asombra la semejanza de muchas ciudades cubanas y latinoamericanas, al reconocer en su centro fundacional la aplicación, por España, de las Leyes de Indias a partir de 1523 que permitieron lograr un adecuado trazado y construcción de los asentamientos en todas sus colonias de América.
Tal vez llame la atención al lector cubano, que ve con recelo el exceso de trámite en las acciones constructivas a ejecutar, saber que desde 1574 se estableció la obligatoriedad de la Licencia de Obra para la ejecución de las mismas.
Ahora que los temas ambientales es un tópico recurrente, llama la atención que en fecha tan temprana como 1859 se haya aprobado la primera norma sobre la protección del medio ambiente en la colonia.
De suma importancia jurídica-administrativa del ordenamiento urbano están las Ordenanzas de Construcción para la Ciudad de la Habana y los Pueblos de su Término de 1861, que luego se aplicaría en todo el país.
En 1960 se crea la Planificación Física en Cuba, fundándose las bases para el desarrollo del planeamiento regional y urbano de los territorios.
En este marco, uno de los tópicos tratados con fuerza en los últimos años es el estudio y perfeccionamiento de las regulaciones, que tienen carácter territorial, urbano y arquitectónico y está destinado a orientar las acciones constructivas, buscando preservar los principales valores: arquitectónicos, urbanísticos, paisajísticos, ambientales y de la imagen de los lugares habitados.
Estas regulaciones se conciben como un proceso continuo en que se actualizan en la misma medida que cambian las realidades del entorno con las nuevas tecnologías y los cambios físico-ambientales.
En las últimas décadas los problemas climáticos asumen el protagonismo, huracanes, fuertes lluvias, inundaciones, prolongadas sequias, elevación de la temperatura… obligando a perfeccionar los planes de contingencia ante desastres y a la actualización del cuerpo regulatorio con una rapidez inusual, lo que exige un replanteo constante para poder enfrentar estos retos.
Estas líneas pretenden estimular la reflexión que se traduzca posteriormente en acciones concretas, en nuestro caso las regulaciones urbanas en su acápite medio ambiental y está destinada a orientar las acciones constructivas que realizan tanto el estado como los particulares, estos últimos, actores importantes del proceso de diseño y ejecución de su propia vivienda, en no pocas ocasiones.
Pensando en estos temas recordé que hace unos años, ante la premura de resolver necesidades apremiantes del hábitat, se había aprobado una cantidad apreciable de módulos de materiales para viviendas económicas que incluía techos de cubierta ligera para las dos ciudades más importantes de la provincia de Granma. Existiendo  aprehensión por una parte de sus principales especialistas por el impacto visual que su ubicación puede tener en los espacios urbanos de ambos asentamientos.
Podría ser comprensible ese punto de vista teniendo en cuenta los esquemas mentales que predominan sobre este tema.
Aunque soy de la opinión que varias interrogantes deben ser dilucidadas previamente, ¿debemos olvidarnos de la cubierta ligera para la vivienda como una opción real ante su vulnerabilidad en nuestro contexto?, recordando que muchas de ellas ofrecen adecuadas condiciones bioclimáticas para sus moradores.
¿Los eventos meteorológicos de las últimas décadas con su secuela de daños, atestiguan la valides de este razonamiento o habrá que poner en una balanza el mal estado técnico de una parte del fondo habitacional dañado o problemas de diseño en su concepción y construcción en este tipo de inmueble?
Sabemos que en la mayoría de los casos se sustituye la vivienda tradicional por casa provista de cubierta con losa de hormigón armado, buscando mayor seguridad, calidad y duración que en no pocas ocasiones su diseño y construcción revelan serias deficiencias en su comportamiento bioclimático.
Algunos de los errores cometidos están asociados al desconocimiento de parte de las entidades y la población sobre estos temas.
El término diseño bioclimático o arquitectura bioclimática es relativamente reciente. Se trata de optimizar la relación hombre-clima mediante la forma arquitectónica.
La arquitectura bioclimática consiste en el diseño de edificios teniendo en cuenta las condiciones climáticas, aprovechando los recursos disponibles: sol, vegetación, lluvia y vientos para disminuir los impactos ambientales.
El clima donde se va a localizar el edificio se define por la temperatura, los niveles de humedad, la velocidad y dirección de los vientos y el soleamiento del sitio. Entonces las condiciones climáticas pueden constituir un inconveniente o una ventaja para un adecuado rendimiento energético de la casa.
Leo en un artículo de una enciclopedia digital que los altos puntales son considerados como un recurso esencial para el diseño bioclimático en climas como el de Cuba. Lo cual es válido cuando se trata de edificaciones de una sola planta con cubiertas ligeras expuestas a la radiación solar, ya que el puntal alto aleja de las personas la fuente emisora de calor radiante, por tanto, de la sensación de calor percibido.
En cubiertas pesadas el efecto de la elevación del puntal en la temperatura percibida por las personas es despreciable, por lo cual esta decisión de diseño no se justifica desde el punto de vista económico.
Mejores resultados podrían obtenerse reduciendo la capacidad de luz absorbida por la superficie exterior de la cubierta. Por ejemplo, con solamente pintarlas de blanco la sensación térmica interior puede reducirse hasta en cinco grados.
En el diseño de las nuevas urbanizaciones se tendrá en cuenta en su trazado la dirección de los vientos predominantes para favorecer el régimen de brisas en los espacios edificados que contribuya a disminuir la radiación solar; así como una adecuada orientación de las instalaciones con respecto a la luz solar en dependencia de las actividades que se desarrollen. En el mismo sentido el uso de colores claros en la edificación permite disminuir la sensación térmica.
El empleo de la vegetación reduce la radiación solar y el calor absorbido por las edificaciones y los pavimentos, contrarrestan el efecto de isla de calor urbano que se caracteriza por su dificultad para disipar el calor durante las horas nocturnas, mejoran el microclima térmico, purifican el aire y modifican los patrones de flujo del viento.
Experiencia internacional abunda, aún así no hay necesidad de salir de Cuba para descubrir buenos ejemplos de funcionales viviendas diseñadas y construidas con cubierta ligera y buenas condiciones bioclimáticas que han sorteado felizmente, por más de medio siglo, los vaivenes meteorológicos y han proporcionado confort a sus moradores.
La vivienda provista de cubierta de hormigón armado puede mitigar su deficiente comportamiento térmico, si ese fuera el caso, aplicando algunos de los principios mencionados, logrando adecuada satisfacción a las condiciones climáticas, cálida y húmeda, de nuestro país.
Siento que hice mi tarea de hoy, en ese esfuerzo por divulgar las maneras que se puede mejorar la relación del ser humano con la naturaleza a través de la forma de las edificaciones. Seguramente mis colegas de labor profundizarán en el tema y lo traducirán en regulaciones específicas destinada a orientar las acciones constructivas de la población.
Por mi parte sólo espero con ansia el descanso del fin de semana, provisto de short, gorra, escoba, brocha y una tanqueta de pintura blanca. Cinco grados menos de temperatura en el interior de mi vivienda es una oferta demasiado tentadora para no probar, en estos días de calor agobiante.
Para el futuro cercano ya estoy pensando en convertir mi Casa Verde, ante el desconcierto de la familia, en la Casa Blanca, sin que ello implique cambiar de casaca, por supuesto.

(Texto e imagen gráfica, José Alberto Zayas Pérez. Temas consultados: Arquitectura bioclimática, Arquitecta. Doctora en Ciencias Dania González Couret. ISPJAE. Regulaciones Urbanísticas de la Ciudad de la Habana, José Manuel Fernández Núñez. Artículo del períodico Granma del 15 de septiembre publicado por Yudy Castros Morales, con el título, Lecciones de urbanismo, una entrevista con la subdirectora de Urbanismo Ibis María Menéndez-Cues­ta González. Enciclopedias Wikipedia y EcuRed)

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