Ene 15

Gina Rey y Mario Coyula

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La experiencia exitosa de Granma en la recuperación visual de su espacio construido me hizo suponer erróneamente que tenía algún conocimiento profundo sobre esta temática.
Después de más de 20 años de trabajo ininterrumpido como planificador físico, o urbanista como se suele conocer, era el momento de volver a las aulas y nada mejor que hacerlo con una maestría en Ordenamiento Territorial y Urbano.
Por cosas del destino, yo tenía como oponente de tesis a Mario Coyula Cowley, lamentablemente recientemente fallecido, con un currículo que impresionaba, desde el punto de vista humano y profesional que a mí me parece interminable por no decir aplastante en mi intento de ¨cruzar la varilla¨ docente.
Recuerdo cierto día en el aula que me saluda y me interpela curioso, -me ha dicho la profesora guía que quieres hacer tu tesis sobre la imagen urbana de un barrio de Bayamo-, le digo que sí, no le expreso que me siento confiado por los resultados logrados en mi ciudad, formando parte de un equipo multidisciplinario que había convertido el sitio en un referente nacional del momento en la recuperación del espacio visual construido.
Me mira, sonríe con picardía y me expresa, -no me vas a decir que pintar las edificaciones de algunas manzanas, arreglar los parques y plazas, mejorar la gráfica urbana o jerarquizar una calle comercial, es imagen urbana-.
Ahora sé que la pregunta era retadora, por demás, el profesor era una de las personas más calificadas para hablar de estos temas, así que sin ser mi intensión estaba queriendo bailar en casa del trompo. En aquel instante sentí, sin razón, que me estaba literalmente descalificando.
Coyula, como le decía la mayoría, era una persona que respiraba talento, impartía sus clases de forma calmada, con un metal de voz más bien bajo, escucha con atención las interrogantes y respuestas de todos sus alumnos, no parecía asombrarse con las contestas poco inteligente, establecía una relación de igual a igual, lo que daba confianza, lo que no quitaba que, de vez en vez, hiciera un comentario desconcertante, no sé si para expresar reprobación o para motivar el debate.
En aquellos días yo estaba muy preocupado con la observación del profesor y la validación de mi proyecto de tesis. Más de una semana de lectura ansiosa de sus textos, buscando una contesta y por fin descubrí en el libro de Diseño Urbano, donde Coyula es el autor principal, que al hacer un análisis de la imagen de la ciudad expresaba, ¨…además de las formas físicas existen otros factores sociales, funcionales y culturales… que influyen en la imaginibilidad de un espacio urbano¨.
Aquellos ¨factores funcionales¨ me sabían a gloria, yo sabía que estaban presentes en mucho de lo que se había hecho en Bayamo por recuperar su espacio edificado y que él acepta como válido en la recuperación de la imagen del sitio, me devuelven la tranquilidad y me hace recordar que no me podía quedarme en el afeite, so pena de oír hablar de ¨una vieja con colorete¨ como dicen con chanza la gente del pueblo a cierto barrio de La Habana, creo que injustamente.
Aprendí, que aparte de los aspectos funcionales, era necesario conocer los morfológicos o sea los vinculados a la forma de la ciudad y los significados asociados a los valores del sitio y sobre los cuales no tenía adecuadas referencias.
La suerte vino una vez más en mi ayuda al designarse a la actual Doctora en Ciencias Técnicas Gina Rey Rodríguez como mi tutora. Gina es una destaca profesional recientemente galardonada con el Premio Nacional de Arquitectura 2015 por su obra de toda la vida.
Es una mujer dulce, que ama su profesión y su labor docente. La solidaridad de Gina con sus alumnos impresiona, resulta difícil imaginar cómo encuentra tiempo para dividir su ocupado espacio laborar para atender a todos y hacer lo que hacen pocos, brindar todo la información que dispone a sus estudiantes, sea tutora o no de ellos.
Es exigente con los compromisos contraídos, pero respeta el esfuerzo y la dedicación a la tarea asumida por los maestrantes. Pienso en las deudas de gratitud que tengo con ella y nunca tuve tiempo de expresársela adecuadamente.
Recuerdo esa manera tan particular de enseñar. En las revisiones parciales, lee los textos y escuchaba con paciencia mis puntos de vistas y como si fuera un juego a mí me parecía que me brindaba un ¨pie forzado¨ donde debía profundizar y quién sabe si torcer el rumbo del análisis técnico realizado, ofrecía la información que disponía y esperaba de que supiera encontrar por mí mismo el camino lógico e innovador a la propuesta. Nunca regalaba nada al estudiante, había que esforzarse para obtener el resultado.
Recuerdo una experiencia tan diferente vivida en una universidad polaca donde pasaba un curso de postgrado de mi especialidad donde mi tutora, ante mi intento de exponer mis puntos de vistas sobre el tema, me señaló que yo estaba allí para escuchar sus instrucciones y me habló con disgusto sobre la proverbial locuacidad latina.
Había que seguir un guión previamente diseñado sobre cómo debía abordar el tema a tratar, con lo cual yo me sentía totalmente infeliz en el plano profesional.
Por el contrario Gina manejaba los hilos de la instrucción del discípulo, pero de tal manera que se hacía invisible su proceder y al final acabé disfrutando más el método de búsqueda empleado en el proceso de aprendizaje que el propio resultado final obtenido.
Sólo una sola vez la vi verdaderamente enfadada conmigo, cuando en consulta con otra destacada profesional me sugirió un camino distinto para avanzar en determinado tópico y con la inconsistencia propia del principiante se lo mencioné a Gina, se puso seria y me dijo, –Bueno Zayas, ha llegado la hora de que escoja con que tutora quieres estar- nunca más volví a cometer ese error.
En la discusión final de mi tesis no pude contar con su presencia física, compromisos docentes la mantendrían por un tiempo en Brasil, pero me instruyó en toda la preparación necesaria.
El día esperado llegó, el Doctor Coyula fue el primero en leer su oponencia, no sé porque empieza a hablar de Europa, oigo mencionar a Yugoslavia, yo en medio de la tensión me preguntaba que tendría que ver mi barrio en el Nuevo Bayamo, un pequeño espacio de sólo 16 hectáreas ubicado en el oriente cubano con la vieja Europa, pero sin tiempo para explicaciones y como un avión caza en picada aparece en mi pequeña área de estudio con la brillantez y coherencia que lo caracterizaba.
Comienza a hacer el desmontaje del trabajo en sus puntos más vulnerables en unos interminables 16 minutos, termina reconociendo su utilidad y elogiando la propuesta de gestión urbana, que según expresa, no es lo usual en estos trabajos de maestría.
Un miembro del jurado lee las consideraciones de mi tutora, ella es sumamente generosa conmigo, reconoce la utilidad e importancia del tema abordado, el esfuerzo del maestrante y como fue progresando a medida que avanza en su propuesta, yo diría mejor como me hizo avanzar y crecer.
El tribunal premia mi esfuerzo, me siento muy aliviado e inmensamente complacido. Ya en un ambiente más calmado, Coyula con su proverbial manera de ser se disculpa y con una sonrisa condescendiente parece querer aliviar mi pena.
Le expreso con sinceridad que para mí es un gran distinción tenerlo de oponente y haber podido escuchar, tal vez, sin él proponérselo, más que su oponencia, su lucida conferencia que brindó al auditorio y al tribunal sobre la imagen urbana.
Percibo con fuerza el momento vivido, que comparto con los cientos, a tal vez miles, de estudiantes universitarios, de maestrantes y aspirantes a doctores que han pasado por las manos de estos dos profesionales y pedagogos destacados de nuestro país.
De alguna manera, tal vez tarde, en acto de desagravio, encuentro esta forma de decirles, gracias, muchas gracias, sin interesarme que no se celebra fecha alguna de importancia en sus calendarios.
(Texto, José Alberto Zayas Pérez. Imagen gráfica tomada de Internet)

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