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Jun 16

Historias para no olvidar.

Resiliencia del cubano ante una amenaza: resistir, adaptarse y recuperarse con el apoyo de todos.

Por José Alberto Zayas Pérez

Siempre que pienso en monumentos, y en el mundo se hacen muchos, creo que falta uno muy especial, el monumento a la “mujer cubana” y si hubiera para dos, el obelisco a la “creatividad del cubano”. Ustedes instituyen las razones.

El cubano es reflejo de todas las características del latino, pero adicionalmente ha incorporado a su personalidad instintos condicionados por la adversidad que le ha permitido sobrevivir a las más duras pruebas.

Se manifiesta en su carácter solidario, su optimismo y en un comportamiento que yo prefiero nombrar  como “filosofía de la resistencia”. Los cubanos enfrentamos cada día con optimismo los desafíos, en el orden material y espiritual, que el bloqueo ha infringido a nuestra gente, que ha dejado su inconfundible huella en nuestra manera de ser.

En la primera mitad de la década de los años 90, del siglo pasado, el pueblo cubano vivió una de las pruebas más dura de nuestra historia, con el inicio del “Período Especial”.

En ese etapa, con las ciudades a oscuras, o como dicen los ocurrentes dominicanos, “con algunos alumbrones” que reflejaba mejor las escasas horas de luz de los cotidianos apagones eléctricos, en lucha constante contra las dificultades.

La historia de estos años, es la sumatoria de pequeños fragmentos de la existencia, de cada uno de sus habitantes,  en incesante lucha por la vida.

Mi institución, como otras, no era ajena a esta realidad. El dilema era cerrar la entidad y perder años de esfuerzo en la formación de un especializado colectivo de profesionales y buenos trabajadores o encontrar vías para vencer los desafíos. La solución, una finca cubierta de marabú que, con el esfuerzo de todos, produjo alimentos vitales para el colectivo. Otra pequeña parte de sus trabajadores cumplieron, en situaciones precarias, las metas del organismo.

Recuerdo que tuve conciencia de que el “Periodo Especial” estaba muriendo, después de años de duro batallar, de una forma poco usual, cuando en unos de los interminables viajes de trabajo por la geografía granmenses entramos a un pequeño restaurante de pueblo, habitualmente desabastecido, y para nuestro asombro la carta ofrecía un menú variado y hasta la desaparecida cerveza cubana, lo que hizo decir a un colega de forma impulsiva, “póngame una caja de cerveza, por favor”, ante la mirada atónica del camarero que asombrado preguntó, ¿la quiere toda ahora? Lo dijo con una mirada pícara, que todos entendimos muy bien su significado. En ella estaba reflejada una parte de la realidad vivida, caracterizada por el desabastecimiento de muchos productos y la necesidad de tener la visión propia de un jefe de retaguardia, donde era necesario almacenar y tener “cosas” de todo tipo ante las escaseces.

Por suerte muchas de estas situaciones han quedado atrás. La percepción de la gente apunta más en   hablar en términos de precios y salarios, es parte de la nueva realidad, que con un espíritu pragmático se emprende en el país dirigido a enrumbar la sociedad sobre base más sólida, adecuándola ante el cambiante escenario internacional a las posibilidades económicas de la nación.

Con asombro leí en un medio extranjero minimizar el papel negativo del bloqueo y maximizar nuestras propias insuficientes, que no ignoramos, y no puedo menos que admirarme cada vez que veo a grandes países desarrollados afectados por sanciones comerciales, o simplemente por prácticas comerciales desleales, hablar del impacto terrible que tiene para sus economías y me pregunto con asombro, ¿qué decir de Cuba?

Pienso en nuestro pueblo que ha pasado, durante más de medio siglo, una de las pruebas más dura cometida contra una nación.

Sirva entonces, como recordación, este pequeño relato,  que representa tan sólo un minúsculo fragmento de la resiliencia de un pueblo, en permanente bregar contra las amenazas de las viejas administraciones y la actual,  representada por el Presidente Donald J. Trump, la cual tiene, en su máxima expresión de fortaleza, la  capacidad de resistir, adaptarnos a los nuevos  contextos y recuperarnos con el apoyo de toda la nación; sin perder la alegría y con la esperanza puesta en la obra actual  y futura del país.

 

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