Sep 01

Un tema recurrente, la educación ambiental.

Por: José Alberto Zayas Pérez

Una de las muchas posibilidades que ofrece el  territorio  para la actividad del ocio es  el parque Granma, espacio  suburbano ubicado  colindante al entramado edificado de la ciudad de Bayamo.

La belleza del área  me hace recordar que años atrás cuando realizaba un estudio de postgrado  en una ciudad, allende al océano, caracterizada por su tranquilidad,  decidí romper con la monotonía del fin de semana y librarme de las actividades domésticas, con merienda y almuerzo incluido, visitando un gran parque suburbano que era el lugar preferido de los habitantes del conglomerado urbano, un hermoso arbolado con sinuosos senderos atravesaban toda la masa verde hasta bordear un gran espejo de agua para  brindar un espacio de confort a sus  habitantes.

Llegado al final del recorrido descubrí con asombro, y enojo,  la inexistencia de  infraestructura de servicio en ese lugar, visitado sólo por el placer del sitio per se. Sin duda, las deudas en mi  educación ambiental marcaban la notable diferencia con los habitantes del asentamiento urbano. Confieso que necesité  muchos años para cambiar la forma de apreciar los valores intrínsecos que nos ofrece la naturaleza.

En días recientes les refería a unos colegas, que estaban de visita por el parque Granma,  que el lugar  posee cerca de 120 ha de césped  y  de árboles frondosos con muchas décadas de sembrados o de crecimiento natural y lamentaba que aún  crecen olvidados por una parte de sus ciudadanos, salvo en periodos y fechas muy señaladas,  muchos de los cuales esperan con ansias  los  nuevos proyectos de renovación de la infraestructura técnica y de servicio del lugar, como requisito indispensable para volver a llenar  sus atractivos espacios.

Lamentablemente los arrastres culturales   limitan el disfrute a plenitud  del sitio, más allá de las necesarias inversiones  que  se acometen, y otras que  son inevitables realizar en el futuro cercano,  pero hay que diferenciar los elementos sustantivos disponibles creados a lo largo del tiempo, dígase toda la masa verde, el confort climático que genera el espacio, su flora, su fauna, las visuales que se crean y la belleza del paisaje en su conjunto. De la otra parte,  que  debía actuar como complemento,  la infraestructura creada  y la que es necesaria mejorar y complementar.

El tema parece recurrente, lo que obliga a pensar y actuar. Hace unos meses atrás era el debate ciudadano sobre las áreas verdes de un sitio emblemático de la ciudad, más reciente, el polémico tópico de la actividad turística y la percepción que el desarrollo del Turismo de Naturaleza pasa por un necesario cambio de mentalidad que permita apreciar los valores del territorio o como hoy, el parque Granma, una belleza aún por valorar en su justa medida.

Reconocer, y actuar en consecuencia,  sobre  las carencias en la educación ambiental, que aún persisten, y la necesidad de reforzar los planes educacionales en los distintos niveles del sistema de  enseñanzas que permita dotarnos de los conocimientos necesarios para poder apreciar los muchos valores naturales de que dispone el territorio, fuente  de  riqueza espiritual y material de los ciudadanos granmenses.

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