Dic 22

El último Piropo

Cuando pienso en las mujeres no puedo olvidar que hace unos años abandoné definitivamente  la idea de decir  piropos. Y quién no ha dicho más de uno o, tal vez, cientos de halagos a la apariencia física de las féminas.

Eso me hizo recordar a un conocido locutor de la radio cubana que decía algo así ¨… oiga amigo, dígame la verdad, usted conoce algún cubano que no se le haya torcido “el pescuezo”, más de una vez, al ver pasar una hermosa criolla¨.

Y como ese cubano no existe, no hay cuello que no esté dispuesto a plegarse, ni frase de halago, que no pueda ser amordazada ante el esplendor  de una mujer.

Como toda regla tiene su excepción recuerdo particularmente  un paseo  por la principal arteria comercial de mi ciudad  con el ir y venir interminable de bayameses por su boulevard. La aparición de una hermosa cubana  me hizo recordar uno de los principios básicos de la forma, el contraste;  la joven terminó acaparando toda la atención de mi campo visual, estimulándome  a pronunciar  el  inevitable piropo de turno. Pensaba decirle  un halago que me resulta especialmente simpático:

“Voy a avisarle a Dios que las puertas del Cielo están abiertas: se acaba de escapar un ángel y lo estoy viendo en estos momentos”

Por suerte, la hermosa mujer se me adelantó y  para mi asombro, me abraza con efusión y me da un beso.

– ¿Cómo anda profe? – me dice. Su hermosa y lapidaria frase tiene el poder de paralizarme.

Pasada la vergüenza inicial comprendí que había recibido el más importante de los elogios que se me podía ofrecer. Un título que no está sujeto a un curso a escolar o a un nivel educacional, que no tiene  fecha de caducidad y es ofrecido, por demás,  de por vida: maestro, profesor… en fin Educador, el mayor de los elogios posibles.

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