Los colores y el fin del mundo

Se me ocurre una nueva versión,   sobre un tema recurrente que ya había sido publicada en el blog, Espacio Natural y Construido y el periódico La Demajagua bajo el título, ¨Más que para gusto, se han hecho los Colores¨, escrito por mi bajo el influjo del verano pasado cuando los sudorosos cuerpos soportaban con resignación el bochorno ambiental y el lector estaba dispuesto a leer con avidez los consejos de un arquitecto-urbanista, con la secreta esperanza de descubrir, lo inverosímil, un nuevo gurú del clima, si ello significaba una brizna de frescor en el torrente calórico de sus hogares.
Un allegado me preguntó, mientras escribía este texto, si vale la pena el esfuerzo divulgativo preocupado por las últimas noticias de los medios en un mundo donde el apocalipsis se nos revela en boca de uno de un físico teórico, astrofísico y divulgador científico británico más importante, Stephen William Hawking.
Debo confesar que la primera vez que leí las supuestas predicciones, que anuncian  las páginas digitales de Internet,  se hablaba de que la Tierra le quedaba 1 000 años de vida.  En una reciente cumbre en China vaticinó 600 años antes que el insostenible consumo de energía hará del mundo una “bola de fuego ardiente”. Con anterioridad se le atribuye haber  dicho que la humanidad sólo le quedaba 100 años de existencia en la Tierra y otras  publicaciones  lo mencionan al afirmar  que a la especie humana sólo tiene 30 años para dejar el planeta.
Como van las cosas debo apurarme con este artículo no vaya ser que no pueda terminarlo a tiempo. Ya en serio, al brillante hombre de ciencia, mi más profundo respeto. Confió que los hombres encontrarán las vías para prolongar la supervivencia de la especie humana el tiempo necesario para lograr la tecnología que permita volar a las estrellas lejanas. Mientras los científicos trabajan por el futuro de la humanidad prefiero abordar un tópico más inmediato, como el de los colores, que si bien no decide el destino de la humanidad,  puede proporcionar confort climático en los hogares, oficinas, industrias y espacios públicos o su mal uso empobrecer la calidad de vida y aumentar el consumo energético.

Una destaca especialista en temas ambientales no pareció entender mi persistente interrogante en la búsqueda de soluciones ante el perceptible aumento de la temperatura y con una frase lapidaria dio por terminada el debate técnico, con una lacónica respuesta, ¨no hay nada que hacer, son proceso globales del clima¨.
Otra profesional, mucho más documentada, me hablaba de la realización de medidas de atenuación, en espera de acciones más enérgicas dirigidas a la raíz de los problemas vinculados con los cambios climáticos.
Pienso en las tantas esferas del saber humano, que además de preocuparse, pueden ayudar con la realización de acciones de mitigación.
En el plano personal, mi manzana que cae por el peso de la gravedad, se limitó simplemente a mirar el termómetro de la habitación de mi cuarto que marcaba, este verano, 40 grados de calor cuando el parte del clima anunciaba 35 grados, para arribar a conclusiones obvias, a veces olvidada, o no puesta en práctica por mi noble profesión de urbanista.
Las causas de la elevación de la temperatura, más allá de la que impone el clima, son variadas y están relacionadas con las malas prácticas profesionales y ciudadanas como, el deficiente aislamiento de los inmuebles que nos privan de obtener una temperatura interior grata, el no empleo de la forma arquitectónica en simbiosis con el medio, la inacción contra las consecuencias de la llamada, ¨ isla del calor urbano¨, con la dificultad de disipar el mismo, recibido durante el día en edificios y pavimentos, en el horario nocturno, a lo que contribuye el déficit de vegetación, el impropio uso de los colores, la desfavorable posición de la vivienda con respeto al sol, el no aprovechamiento, en los proyectos de urbanización y su materialización constructiva, de los vientos predominantes como refrescante natural del entramado urbano, entre otras causas; explican la diferencia térmica que usted puede sumar o restar en dependencia de sus propias acciones.

La lectura del periódico digital cubano Cubadebate, ¨Paredes Oscuras: ¡cuidado!¨ por El Dr.C Luis Bérriz, presidente de Cubasolar, me produce satisfacción, al comprender que más allá del esfuerzo personal empieza a convertirse en una preocupación de muchos el uso inadecuado de los colores. Este extracto de su artículo viene a reafirmar el convencimiento de muchos con relación a este tópico.
¨…hay una fiebre de pintar casas y edificios de rojo y eso eleva la temperatura…
—Usted a veces se sitúa arriba del techo de la casa a mirar las azoteas y ver los techos negros por los impermeabilizantes que compramos, rojo o verde oscuro. Estamos en Cuba, tenemos que usarlo blanco, pintar las paredes de ese color o de colores muy claros, de lo contrario las paredes adentro tienen cincuenta grados.
“Usamos poco los conocimientos de física ambiental. Estamos en un país tropical. Tenemos que ver que la pared oscura absorbe la radiación solar y la convierte en calor…”

Coincido con el colega, y agrego más, las regulaciones urbanas deben ser modificadas en ese aspecto, por el bien de los propios ciudadanos, las actuales sólo sugieren el uso de colores claros, cuando debía ser prohibitivo el empleo de los colores oscuros, en el exterior de los inmuebles.
En las imágenes del espacio edificado, cada día es más frecuente ver el yerro en la selección del matiz, lo que me hace recordar el titular de una publicación, de meses atrás, que mantiene plena vigencia, ¨Más que para Gusto se han hecho los Colores¨.
Si es así, actuemos en consecuencia, bajo el signo de la nueva realidad que imponen los cambios climáticos.

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