Una opinión sobre temas para nada menudos.

Confieso que hay temas menudos que se leen con placer y otros exigen un mayor esfuerzo de los públicos; sino desisto de la idea de abordarlos es porque en los últimos años nuevas conceptos y procesos de trabajo se incorporan al léxico cotidiano de la gente, abandonando la exclusiva competencia de los especialistas.
Comienza a resultar familiar a los ciudadanos los llamados instrumentos de trabajos para el planeamiento y la gestión en los diversos ámbitos de los territorios, como: el Esquema Nacional de Ordenamiento Territorial (ENOT), los Planes Generales de Ordenamiento Territorial y Urbano (PGOTU), El Programa de Desarrollo Integral (PDI), la Plataforma Articulada para el Desarrollo Integral de los Territorios (PADIT), el Plan de Desarrollo Local y otros, bajo la guía rectora del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030.
Simplificando conceptos, el Esquema ofrece una estructuración general de los territorios y las políticas que indican la dirección bajo las cuales se trabajará para la solución de los problemas, que tiene su concreción con la elaboración de los Planes Generales de Ordenamiento Territorial y Urbano de las provincias y municipios.
Básicamente el Plan tiene dos actividades básicas, diagnóstica la problemática de un territorio, en términos de problemas-potencialidades, y propone solución a los problemas detectados.
Al ser estratégico presupone que queremos cambiar una realidad y pasar del estado actual al deseado. Para lograrlo se diseñan escenarios posibles, visionando el que queremos, con las líneas estratégicas en que se debe actuar, en lo económico-social, para empezar a solventar las dificultades.
Por eso en sus salidas el Plan ofrece acciones, en un determinado horizonte temporal, del corto, mediano y largo plazo, en respuestas a los diversos ejes estratégicos identificados, con programa, catálogo de proyectos y regulaciones que condicionan el uso y destino del suelo.
Los Planes por su parte tienen diversas escalas de aprobación de acuerdo a su importancia que va desde la Asamblea Municipal, Provincial hasta el Consejo de Ministro.
Dicho así, los Planes deberían ser el instrumento por excelencia para alcanzar las metas que exige el territorio, pero su gestión se ha visto frenada por problemas diversos que demandan su inevitable perfeccionamiento, un ejemplo es la falta de una adecuada articulación entre la planificación física y la económica. El Programa de Desarrollo Integral ha ayudado a empezar a solventar esa dificultad y hacer protagonista a las autoridades locales en su perfeccionamiento y materialización.
Al escuchar al presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la Asamblea Nacional hablar sobre el Plan de Desarrollo Local, sus interrogantes y exhortación a trabajar en su perfeccionamiento con la inclusión de la problemática económica, social, cultural, entre otras, no puedo dejar de pensar en los objetivos del Plan General de Ordenamiento Municipal que cubre tales expectativas y sólo precisa incorporar nuevos actores, aprovechando las potencialidades en pos del desarrollo local.
Sin aferrarnos a negar los cambios, pienso que aún falta una mejor conceptualización de estos instrumentos del planeamiento y la gestión, ellos precisan ser perfeccionado con el aporte de todos.

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