Bayamo, el de todos.

Casi todas las ciudades del mundo tienen dos caras, una que es orgullo e identidad cultural de sus habitantes y otra que batalla por ser parte de una misma historia, y en que el esfuerzo social pugna por transformar a su entorno, tal vez, en un dilatado espacio temporal. En un ciclo permanente de ensanches y consolidación de las urbes.

Cuando evoco a Bayamo, no puedo dejar de pensar en los encantos de su centro fundacional, en contraste, no sin razón, con la otra visión crítica que enfatiza sus carencias.

Un necesario distanciamiento es la mejor manera de reflexionar sobre este espinoso asunto, que permita entender los procesos naturales e históricos que determinaron su conformación actual.


Su río, que  la dotó de fértiles tierras, fue elemento decisivo en su fundación. Su título de ciudad de 1837 le dio una nueva jerarquía. Desastres naturales y la guerra necesaria, de la segunda mitad del siglo XIX, la ubicaron en el pináculo de la historia patria.


La acción heroica de sus pobladores al darle fuego a la ciudad ante que entregarla a los españoles, se inscribe en las acciones patrióticas del pueblo; también hubo que pagar un costo por ello, llevando a la ruina gran parte de su patrimonio arquitectónico y la vida productiva de la misma. Tan es así que algunas fuentes señalan sólo la existencia de 4 000 bayameses al finalizar la guerra a inicio del siglo XX, ya en el año de 1959, había alcanzado una cifra cercana a los 29 000 habitantes.

En un tiempo relativamente breve la ciudad elevó su población en más de cinco veces acercándose a los 160 000 habitantes, lo cual ha tenido, y tiene, un impacto en todo el entramado espacial de la ciudad y la vida de sus ciudadanos.


La construcción del ferrocarril en 1910 y la Carretera Central, en los años 30 del siglo pasado, marcaron pauta en la ciudad y de cierta manera representaron umbrales físicos que determinaron su conformación en esos años.


La idea de atenuar las desproporciones territoriales, determinó la implementación de la nueva División Político Administrativa de 1976, que dio origen a la provincia de Granma y designó a Bayamo como su cabecera provincial, fortaleciendo toda la estructura productiva y de servicio de la ciudad convirtiéndola en un atractivo adicional para una inmigración no planificada que empezó a ocupar los espacios libres existentes hasta ese momento al norte del ferrocarril.


Actualmente un porciento importante de sus habitantes viven en ese entorno, que arribaron de forma espontánea, favoreciendo las  ilegalidades, a falta de una planificación oportuna y un adecuado control del espacio físico. Este  crecimiento desbordó la capacidad de respuesta inmediata y complicó el desarrollo orgánico de las urbanizaciones.


Resulta revelador entender  estos procesos al conocer que pasado cuatro centurias,  en su sitio fundacional, aún quedaban muchas acciones de urbanización por ejecutar.

Actualmente  el desarrollo de las fuerzas productivas permite multiplicar la solución de estos acuciantes problemas, asociado al confort urbano.


Sé que la finitud de la vida de las personas, y su derecho a vivir en desarrollo, no puede servir de consuelo la comprensión de las razones históricas – urbanísticas, y demandan con impaciencia, la transformación acelerada del espacio en que desarrollan sus actividades básicas. Aspiraciones que se hace realidad, aún en las duras condiciones económicas y financieras que enfrenta el país.

Los planes de desarrollo enfatizan las acciones en esa área importante de la ciudad, ahora que se ha logrado favorecer el Centro y los Sub-centros de Servicios de Bayamo, para el disfrute de todos sus habitantes.


La ciudad vive un nuevo cambio renovador, dando continuidad a las acciones del pasado que permitieron  transformar el espacio construido y la mentalidad del bayamés.  

Queda aún mucho trabajo por materializar, para hacer realidad los sueños de un solo Bayamo, el de todos.

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