Monumento a la mujer cubana: Beby

Cualquiera de las millones de mujeres cubanas son acreedoras al reconocimiento, como son tantas, selecciono sólo tres, Yordi, Annia y Beby, por ninguna razón en particular, tal vez, por aquello que sugería un famoso novelista, de escribir, fundamentalmente, sobre aquello que conocemos.
Quiero brindarle algunas de las razones de esta proposición de hacer un monumento a la mujer cubana, que no cabe duda, todos coincidirán, por ésta, u otras causas.
Son historias que nos sonarán a todos, fundamentalmente a los demás edad, extrañamente familiar.

Beby:
Madre de un hijo, que quiso tener, a pesar que ya se avizoraba, con toda su carga, el llamado ¨Periodo Especial¨, tal vez, porque 29 años era una buena fecha para disfrutar de su futuro retoño. Sabia decisión, pensó con alivio su esposo, años después, preocupado por los negros nubarrones que se veían venir en ese periodo.
La situación económica del país era caótica, había perdido gran parte de su comercio Exterior con los cambios en Europa y el reflejo en su hogar era inmediato.
Beby hacía proezas, creando, con una habilidad increíble, platos culinarios, carentes del aliño y el necesario sustento proteico, en un desesperado esfuerzo por la vida.
Las dificultades eran enormes, pero las personas se niegan a dejarse morir y la adaptación del ser humano no tiene límites.
Beby comienza su jornada cotidiana en la madrugada, prepara el alimento del niño, el esposo lo lleva con la cuidadora. Se arregla, con la misma presunción que siempre tuvo, y tendrá, en cualquier circunstancia.
Su figura estilizada, bonita, con sus 100 libras de pesos, parecen insuficiente, para montar en una bicicleta y recorrer sus 30 kilómetros diarios, en ida y regreso al trabajo, a falta de transporte público.
El retorno al hogar es extenuante, que sólo un cuerpo joven puede asumir. No hay luz eléctrica, o como dicen los ocurrentes dominicanos, “con algunos alumbrones” que refleja mejor, las escasas horas de luz, de los cotidianos apagones eléctricos.
El combustible doméstico insuficiente, sólo tiene, como alternativa, un saco de carbón para la semana, pagado a precio de oro, al igual que los alimentos, buscado en los campos cercanos a la ciudad. Debe aprovechar la luz natural, para empezar la cocción de las provisiones, un anafre puesto en el pequeño patio le ayuda, el humo y el olor invaden al vecindario, no hay opciones, todos hacen lo mismo.
El Estado, realiza su esfuerzo, una limitada cuota normada de alimentos básicos con al menos, lo mínimo imprescindible para garantizar la existencia, y una protección diferenciada a los grupos vulnerables, en especial los niños, ancianos y mujeres embarazadas.
A veces necesitamos ver pasar el tiempo para comprender la experiencia vivida. La recuerdo en esos días siempre cuidando su apariencia, con su fragilidad, mantener la belleza femenina, aplicando los más variados consejos de su cofradía vecinal. Sentir su risa con la ocurrencia de su hijo o sufrir con los contratiempos de las cosas sencillas, o terribles, de la vida.
Admirar su solidaridad con su familia y vecinos, compartiendo lo que no le sobraba. Viviendo intensamente, a pesar de todo.
Ella no ha vuelto a montar nunca más la bicicleta, tampoco gusta de consumir hamburguesa, el jabón se siga gastando todo, hasta convertirse en una delgada telita, aunque haya muchos más en la despensa. El daño psicológico es una asignatura pendiente, y permanente en el tiempo, cuando, extrañamente, se menciona sólo, el daño más visible, el de las carencias materiales.
La historia de ella, es la sumatoria de pequeños fragmentos de las vidas de cada uno de los cubanos, en incesante lucha por la existencia.
La mayoría de sus sueños se hicieron realidad: un nuevo, y confortable hogar, las maestrías obtenidas por ambos cónyuges, el título universitario de su hijo…otras metas, esperan por mejores tiempos.
Se indigna por saber, que la política doméstica de otro país, en busca de la reelección de un presidente, sea motivo de nuevas sanciones contra su familia y las de todos los cubanos.
Se ilusiona por vivir en un mundo de paz y desea con mucha fuerza que su hijo, y sus nietos por venir, tengan un futuro mejor, al igual que todo nuestro pueblo.

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