Los Avatares de una Investigación.

Los Avatares de una Investigación. Parte II

Recientemente, al relatar sobre las indagaciones que realizaba, a mis colegas de labor, recibí una inesperada y asombrosa contesta.

– Zayas, Fanny es una arquitecta colombiana que proyectó y construyó una instalación gastronómica donde estaba la antigua Cochera de la Casa de Carlos Manuel de Céspedes, actual Ludoteca, y tenía intención de intervenir arquitectónica en la Casa del ¨Padre de la Patria¨, lo que preocupó al historiador de la ciudad de aquel entonces – me dice el geógrafo Gabriel, con absoluta seriedad, que, según él, había oído esta historia en Patrimonio donde trabajó por breve tiempo.

Me preguntó, ¿qué hay de cierto en ese relato? Han pasado más de 50 años y el túnel del tiempo hace su obra, trayendo retazo de hechos ciertos u otros completamente falsos, fruto de la oralidad repetida, y deformada, en los recuerdos de la gente.

Algo sabía, para empezar, que no era colombiana, y sí argentina. La visita al museo ¨Carlos Manuel de Céspedes¨ era obligada, un inmueble que es un ícono para los bayameses y cubanos por ser la casa natal del emblemático patriota de la ¨Guerra de los Diez años¨ contra España. Al parecer no quedaba otro remedio que reconstruir los hechos acaecidos.

Por suerte su principal, y más antigua especialista, la recordaba aun, la describía como una persona afable con ganas de ayudar al progreso de la ciudad. La veo sonreír ante mi inusual indagatoria. Me muestra solícita las imágenes de la época y algo se hizo evidente para mí, que la vieja, e idealizada, Cochera no pudo ser afectado por Fanny porque ya estaba ocupada desde hacía muchos años por una antigua edificación de estilo eclético que desentonaba en sus funciones y estado constructivo dentro de la zona de animación del Centro Histórico.

Algo más importante, no existía, aun, lo que hoy conocemos como Casa Museo de ¨Carlos Manuel de Céspedes¨, que sería remodelado un tiempo después, y en ese lugar de antaño radicó, por media centuria, el antiguo correo de la ciudad, en muy mal estado constructivo.

Sin acreditar la supuesta sugerencia de la arquitecta sobre hacer alguna intervención arquitectónica en la actual casa Museo, me ubico en el contexto de la época, primeros años de los 60 del siglo pasado, auge del Movimiento Moderno con sus nuevos códigos en la arquitectura, terminó Fanny una edificación que responde a esos nuevos patrones, al lado, del inmueble recién inaugurado, una edificación en mal estado constructivo, con varias décadas cumpliendo su función de correo de la ciudad, podría hasta ser lógico la  conjetura, si desconociéramos  el valor histórico del sitio para los cubanos, pero debemos admitir que no hay prueba que acredite el hecho, fuera de recuerdos tamizados  por el tiempo.

Zanjado, eso creo, la verdad histórica, vuelvo al punto de partida, en que nada he avanzado en mi empeño de indagar sobre la vida profesional y humana de esta mujer que ha dejado su huella en la geografía del archipiélago.

En una nueva pesquisa entre algunos de mis antiguos, y prestigiosos profesores de la Facultad de Arquitectura de la Ciudad Universitaria José Antonio Echevarría (CUJAE), no arroja resultados palpables. Así que acudo a la fuente más rica de información y desinformación de los tiempos modernos, Internet, para descubrir con extrañeza sólo algunas breves, y generales referencias de su obra, en un libro digital sobre la arquitectura de la Revolución y en un blog especializado sobre el tema, aun así, localizo nombres importantes por donde iniciar una nueva línea de búsqueda.

Probando a la suerte, paso correos, al colegio de Arquitectos de Argentina, y otro a un arquitecto desconocido de igual nacionalidad que puso en su currículo una breve referencia bibliografía de un artículo de Fanny. Ahora solo queda esperar.

Coincidentemente en esos días se celebró un importante Congreso de mi especialidad en Ciudad de La Habana y aprovecho para intercambiar con colegas de profesión y tratar de encontrar una fuente de información confiable.

Le comento a una colega de profesión, Concepción Álvarez, conocida por Conchita, de muchos años de labor fructífera en el Instituto de la Planificación Física, y en otras instituciones, el tópico y mis motivaciones del momento.

– Zayas, estas de suerte, yo tengo el teléfono de Josefina – dice Conchita.

– ¿De verdad? – le digo con verdadera sorpresa y alegría. Sabía de los méritos y el papel destacado que esta profesional cubana habia desempeñado en el desarrollo de muchos proyectos sociales, y conocía el hecho que ella fue la jefa de Fanny en esos años en que existía un grupo de trabajo de la construcción de obras educacionales que radicaba precisamente en la capital del país.

Por fin algo cierto. Hago dos llamadas telefónicas, dos contestas apuradas, se excusa Josefina, que estaba en una reunión importante en su condición de asesora de su Ministerio, lamento el mal momento escogido para indagar, y como sucedáneo, ella me ofrece un número telefónico de alguien que fue muy cercano a la argentina, que yo me apuro a escribir en un prospecto turístico que tenía a mano,  con tan mal acierto, supongo, que dejé olvidado en el buró de información del Palacio de las Convenciones, mientras conversaba animadamente con la doctora arquitecta Gina Rey, mi tutora en la tesis de maestría y una de las personas más dulce y solidaria que he conocido.

–Te veo preocupado Zayas, pero recuerda que los inevitables tropiezos son parte de la investigación, esas son las reglas del juego y si lo vas a asumir tienes que aceptarlo – me lo dice con convicción. Sé que habla por su propia experiencia profesional.

Mi tiempo en la capital del país se agotó, regreso con las manos vacías, sólo para descubrir en casa que tengo un amable correo enviado desde la argentina por el señor Enrique, arquitecto que consulte casi al azar, donde pronuncia las palabras mágicas, que tanto desee oír, después de muchas semanas de infructuosa inquisición, ¨…conozco a Fanny Navarrete, no tengo contacto con ella actualmente, pero sé de una colega que si ha trabajado con la arquitecta…se llama María, te paso su email…¨

A partir de ahí, se comienza a develar el misterio. El nombre de Fanny, tiene ya un rostro y empieza a tener un hermoso contenido humano reflejado en sus obras y en los estudios técnicos de planeamiento realizados en muchos sitios urbanos y rurales del país.

Solo ahora comienzo a desentrañar la trama y tengo los principales elementos para una próxima investigación sobre la vida y obra de esta profesional argentina que vino recién graduada a nuestro país y dejó sus huellas en nuestra tierra.

Share

Deja una respuesta

Tu email nunca se publicará.