Fanny

Prólogo:

Durante los dos últimos años la investigación sobre Fanny ha sido un tópico obsesivo en mi vida, el fatalismo geográfico, la información que se me hizo esquiva. Los hechos, tamizados o deformado, por el tiempo, gente buena que me ayudó, y que le estoy muy agradecido.

Por fin hoy hago este primer acercamiento a una arquitecta argentina de nombre Fanny que vino recién graduada a nuestro país, como cientos de latinoamericanos y europeos, a colaborar en el proyecto social cubano.

Deseo compartir cuatro textos con ustedes: dos que son de carácter anecdóticos, que con un lenguaje coloquial, brindan las razones del tema desarrollado y los avatares vividos durante el estudio: ¨Solo conozco su nombre, se llama, Fanny¨ y ¨Los Avatares de una Investigación¨. Un tercer texto que es propiamente el extracto de la investigación en sí: ¡Fanny, amor con amor se paga!

Un cuarto, y último, texto ¨Veguita una Historia por Contar¨, que descubre con asombro cómo se entrelazan estas historias, aparentemente inconexa, con su vida y la de sus compatriotas através de una Escuela Técnica, una arquitecta argentina, cientos de relatos de vidas que habitan en la memoria de sus protagonistas, Frank, un excepcional investigador de campo, un equipo de técnicos de planificadores físicos y un urbanista, que busca revivir pasajes de épocas pretéritas, vinculado a su profesión.

¡Acompañenos por el camino de las revelaciones de una investigación!

Solo conozco su nombre. Se llama, Fanny.

Parte I

Soy un planificador o urbanista como se suele decir. Por necesidad de la Planificación Física, una entidad que se encarga de ordenar los territorios y sus espacios urbanos, hace tres años que combino el trabajo profesional con la docencia a estudiantes que transitan por una etapa muy especial de sus vidas, la adolescencia, con todo su significado para padres y educadores.

Doy mis clases en un Instituto Politécnico de la enseñanza Técnico-Profesional en la ciudad de Bayamo, que las personas identifican tan solo como, la Escuela Técnica. Actualmente se imparten más de 40 especialidades y posee una matrícula superior a los 1 000 alumnos.

Un bonito espacio, de varias hectáreas de extensión, donde las instalaciones educacionales se integran con la naturaleza en perfecta armonía. Las aulas docentes tienen cubiertas quebradas, que alguien creyó ver un cierto mimetismo, en la forma, a las cercanas montañas de la Sierra Maestra, o sus grandes naves, para oficios diversos, con un peculiar perfil de sus techos inclinados que dejan pasar la luz, facilitan la ventilación y el rápido escurrimiento de las abundantes precipitaciones del trópico.

Su salón de reuniones, oficinas y dormitorios son contenidos por edificaciones sólidas, donde prevalece la simplicidad formal de sus líneas, se enfatizan los ángulos rectos, las líneas vivas resaltan dentro de la geometría rectangular de los inmuebles. En su planta baja deja abierto parte del espacio para lograr amplios pasillos que facilitan el acceso peatonal y permite protegerse de las inclemencias del tiempo. Sus códigos se corresponden con el Movimiento Moderno en sintonía con la época en que fue edificada.

Su instalación de servicio, donde radica el comedor de la escuela, está conformado por paraboloides hiperbólicos enlazados, que como sombrillas gigantes, cubren grandes luces y le dan belleza y funcionabilidad a un centro que ya se acerca a su casi medio siglo de fundado, en su concepción actual y que por la preservación de sus valores ha sido merecedora, por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, del Premio de Conservación y Restauración de Monumento, en la categoría de Mención, a este destacado centro educacional.

Como profesor tengo dos grupos de estudiantes que transitan por diferentes niveles. Se manifiestan con todo el esplendor de sus edades, y es precisamente la curiosidad una de sus características más representativa.

Recuerdo cierto día, que, en medio de la aplicación de un trabajo práctica, una estudiante levantaba la mano insistentemente, me mira con llamativos ojos, en pura competencia con sus inquietos dedos que parecen estar suspendido en el aire.

A pesar de no atender su reclamo, ella pregunta igual.

– Profe ¿quién hizo la escuela?

Me desconcierta, solo pienso en una salvadora respuesta, el término expresado es vago. Recuerdo haber visto en un lateral de un aula docente la reproducción de un texto en la pared, de un dirigente que está asociado a muchos de los sueños de la educación en Cuba, ¨…Ray: atiende a estos muchachos. Vale la pena que hagan un esfuerzo por construirle el edificio…¨ barajo las posibles respuestas: Fidel, Ray, ingenieros, arquitectos, carpinteros, plomeros, albañiles y un largo etcétera, estaba en una difícil coyuntura para responder. Veo la risa burlona de la estudiante que cree ponerme nuevamente en una situación complicada.

-Bueno, profe, mejor, ¿quién hizo los planos? – pregunta de forma picaresca.

Sé, por mi profesión que una obra es trabajo de muchos, y lo que conocemos hoy como la Escuela Técnica, es un proyecto que fue creciendo por etapas, y varios son los protagonistas de su creación, algunos necesitan ser rescatado del olvido, otros permanecen en la memoria colectiva, como el caso de la arquitecta que trabajó y dejó su huella en el centro educacional, para luego desaparecer bajo los avatares de la vida.

Solo conozco su nombre. Se llama, Fanny – respondo, reflexivo, pero con honestidad y cortedad.

– ¿Y, ya? – Me interroga incrédula la estudiante.

– No se preocupen, indagaré todo lo que pueda sobre ella -respondo sin firmeza, preocupado por la falta de una información confiable.

No dejo de pensar en todo el inmenso espacio construido que nos rodea y que una parte de los inmuebles más antiguos, como tumbas sin nombres, permanecen en total anonimato, incluso para la mayoría de las personas que lo aprecian o hacen uso cotidiano de ellos. Ajenos a las historias de su creación y sus autores. Muchas veces sin la limosna de una pequeña tarja que lo identifique para el conocimiento de las futuras generaciones.

La vida sigue su curso, y un nuevo trabajo docente, con mis estudiantes en un barrio emblemático de la ciudad, absorbe mi tiempo. La visita al hogar de un señor, en el que aprecio valores arquitectónicos, propicia la charla.

– Esta casa la diseño la señora Fanny- dice el anciano de forma orgullosa, adelantándose a una posible interrogante.

Incrédulo, le pregunto:

– ¿Quién es Fanny? -ahora soy yo el que interrogo, ante una posible y sorpresiva coincidencia, trastocando los papeles de antaño con mi curiosa estudiante.

-No sé, todo el mundo en aquella época le decía Fanny, la arquitecta argentina.

Eso me hace recordar mi promesa incumplida, y el deseo de saber más de la vida profesional y humana de esa colega que dejó sus huellas en la ciudad de Bayamo, en muchas ciudades y campos de Cuba, muy lejos de su tierra.

No dejo de evocar la imagen poética de Fina García Marruz, mencionada por el historiador de Ciudad de La Habana Eusebio Leal, en el XVI Congreso Internacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo, y que ahora se me hace más visible en su contenido, cuando expresó ¨…Cuando todos lo olviden, los recordarán las piedras¨ y sería una pena que ocurriera, en este caso, un olvido prematuro sobre la obra edificada, más allá de la fragilidad y finitud de la vida humana.

Así, que ahora no me queda más remedio que investigar y aceptar el reto.

Ahora asumo este nuevo rol, con un noble propósito, darle a conocer a un público muy especial, la génesis de su escuela, y sobre todo poder mostrar a la profesional que dejó su tierra, en plena juventud, para regalarnos su proyecto social, urgido, tal vez, por ideas y reclamos que no podía rechazar. Por eso más allá de conocer un nombre y una obra, me interesaría tratar de acercarme a la persona, que vivió en una época llena de sueño y esperanza por un futuro mejor.

Los Avatares de una Investigación.

Parte II

Recientemente, al relatar sobre las indagaciones que realizaba, a mis colegas de labor, recibí una inesperada y asombrosa contesta.

– Zayas, Fanny es una arquitecta colombiana que proyectó y construyó una instalación gastronómica donde estaba la antigua Cochera de la Casa de Carlos Manuel de Céspedes, actual Ludoteca, y tenía intención de intervenir arquitectónica en la Casa del ¨Padre de la Patria¨, lo que preocupó al historiador de la ciudad de aquel entonces – me dice el geógrafo Gabriel, con absoluta seriedad, que, según él, había oído esta historia en Patrimonio donde trabajó por breve tiempo.

Me preguntó, ¿qué hay de cierto en ese relato? Han pasado más de 50 años y el túnel del tiempo hace su obra, trayendo retazo de hechos ciertos u otros completamente falsos, fruto de la oralidad repetida, y deformada, en los recuerdos de la gente.

Algo sabía, para empezar, que no era colombiana, y sí argentina. La visita al museo ¨Carlos Manuel de Céspedes¨ era obligada, un inmueble que es un ícono para los bayameses y cubanos por ser la casa natal del emblemático patriota de la ¨Guerra de los Diez años¨ contra España. Al parecer no quedaba otro remedio que reconstruir los hechos acaecidos.

Por suerte su principal, y más antigua especialista, la recordaba aun, la describía como una persona afable con ganas de ayudar al progreso de la ciudad. La veo sonreír ante mi inusual indagatoria. Me muestra solícita las imágenes de la época y algo se hizo evidente para mí, que la vieja, e idealizada, Cochera no pudo ser afectado por Fanny porque ya estaba ocupada desde hacía muchos años por una antigua edificación de estilo eclético que desentonaba en sus funciones y estado constructivo dentro de la zona de animación del Centro Histórico.

Algo más importante, no existía, aun, lo que hoy conocemos como Casa Museo de ¨Carlos Manuel de Céspedes¨, que sería remodelado un tiempo después, y en ese lugar de antaño radicó, por media centuria, el antiguo correo de la ciudad, en muy mal estado constructivo.

Sin acreditar la supuesta sugerencia de la arquitecta sobre hacer alguna intervención arquitectónica en la actual casa Museo, me ubico en el contexto de la época, primeros años de los 60 del siglo pasado, auge del Movimiento Moderno con sus nuevos códigos en la arquitectura, terminó Fanny una edificación que responde a esos nuevos patrones, al lado, del inmueble recién inaugurado, una edificación en mal estado constructivo, con varias décadas cumpliendo su función de correo de la ciudad, podría hasta ser lógico la  conjetura, si desconociéramos  el valor histórico del sitio para los cubanos, pero debemos admitir que no hay prueba que acredite el hecho, fuera de recuerdos tamizados  por el tiempo.

Zanjado, eso creo, la verdad histórica, vuelvo al punto de partida, en que nada he avanzado en mi empeño de indagar sobre la vida profesional y humana de esta mujer que ha dejado su huella en la geografía del archipiélago.

En una nueva pesquisa entre algunos de mis antiguos, y prestigiosos profesores de la Facultad de Arquitectura de la Ciudad Universitaria José Antonio Echevarría (CUJAE), no arroja resultados palpables. Así que acudo a la fuente más rica de información y desinformación de los tiempos modernos, Internet, para descubrir con extrañeza sólo algunas breves, y generales referencias de su obra, en un libro digital sobre la arquitectura de la Revolución y en un blog especializado sobre el tema, aun así, localizo nombres importantes por donde iniciar una nueva línea de búsqueda.

Probando a la suerte, paso correos, al colegio de Arquitectos de Argentina, y otro a un arquitecto desconocido de igual nacionalidad que puso en su currículo una breve referencia bibliografía de un artículo de Fanny. Ahora solo queda esperar.

Coincidentemente en esos días se celebró un importante Congreso de mi especialidad en Ciudad de La Habana y aprovecho para intercambiar con colegas de profesión y tratar de encontrar una fuente de información confiable.

Le comento a una colega de profesión, Concepción Álvarez, conocida por Conchita, de muchos años de labor fructífera en el Instituto de la Planificación Física, y en otras instituciones, el tópico y mis motivaciones del momento.

– Zayas, estas de suerte, yo tengo el teléfono de Josefina – dice Conchita.

– ¿De verdad? – le digo con verdadera sorpresa y alegría. Sabía de los méritos y el papel destacado que esta profesional cubana habia desempeñado en el desarrollo de muchos proyectos sociales, y conocía el hecho que ella fue la jefa de Fanny en esos años en que existía un grupo de trabajo de la construcción de obras educacionales que radicaba precisamente en la capital del país.

Por fin algo cierto. Hago dos llamadas telefónicas, dos contestas apuradas, se excusa Josefina, que estaba en una reunión importante en su condición de asesora de su Ministerio, lamento el mal momento escogido para indagar, y como sucedáneo, ella me ofrece un número telefónico de alguien que fue muy cercano a la argentina, que yo me apuro a escribir en un prospecto turístico que tenía a mano,  con tan mal acierto, supongo, que dejé olvidado en el buró de información del Palacio de las Convenciones, mientras conversaba animadamente con la doctora arquitecta Gina Rey, mi tutora en la tesis de maestría y una de las personas más dulce y solidaria que he conocido.

–Te veo preocupado Zayas, pero recuerda que los inevitables tropiezos son parte de la investigación, esas son las reglas del juego y si lo vas a asumir tienes que aceptarlo – me lo dice con convicción. Sé que habla por su propia experiencia profesional.

Mi tiempo en la capital del país se agotó, regreso con las manos vacías, sólo para descubrir en casa que tengo un amable correo enviado desde la argentina por el señor Enrique, arquitecto que consulte casi al azar, donde pronuncia las palabras mágicas, que tanto desee oír, después de muchas semanas de infructuosa inquisición, ¨…conozco a Fanny Navarrete, no tengo contacto con ella actualmente, pero sé de una colega que si ha trabajado con la arquitecta…se llama María, te paso su email…¨

A partir de ahí, se comienza a develar el misterio. El nombre de Fanny, tiene ya un rostro y empieza a tener un hermoso contenido humano reflejado en sus obras y en los estudios técnicos de planeamiento realizados en muchos sitios urbanos y rurales del país.

Solo ahora comienzo a desentrañar la trama y tengo los principales elementos para una próxima investigación sobre la vida y obra de esta profesional argentina que vino recién graduada a nuestro país y dejó sus huellas en nuestra tierra.

¡Fanny, amor con amor se paga!

Parte III

Entre las muchas interrogantes de los estudiantes del Instituto Politécnico ¨Luis Ángel Milanés Tamayo¨ de la ciudad de Bayamo, están las preguntas sobre los que diseñaron y construyeron su escuela. Como profesor de la especialidad de Planificación Física únicamente pude argumentar, en aquel momento, ¨solo conozco su nombre, se llama Fanny¨.

En una búsqueda posterior localicé varios documentos y reseñas que aparece el nombre de la autora[1]. No obstante, en las diversas fuentes consultadas hay muchas imprecisiones históricas que es necesario enmendar.

Por esta razón el propósito de la investigación va dirigido a profundizar en la vida profesional y humana de la arquitecta argentina Fanny Cristina Navarrete Barros a partir de conocer el contexto nacional donde desarrolló su obra creadora.

Para realizar la investigación el método empleado fue la realización de entrevistas de personas que la conocieron,  consulta de la bibliografía especializada disponible, como los archivos históricos de la Escuela Técnica, y páginas digitales, donde aparecen referencia, a su obra, de autores como: Roberto Segre, María Victoria Zardoya Loureda, Reinaldo Togores, Alfonso Carulla Figueredo o colectivo de autores en el libro, ¨Arquitectura de la Revolución Cubana, 1959-2018¨ y las valiosas colaboraciones de María del Carmen Ocaño, colega de Fanny en el Instituto de la Vivienda de Argentina, que me permitió acceder a información inestimable sobre la trayectoria profesional. Agradecer igualmente al realizador argentino Gustavo Contreras Bazán que facilitó una copia de la entrevista, en el programa ¨Emociones¨, realizada a la señora Fanny.

Antecedentes.

Fanny Cristina Navarrete Barros, nació en Argentina en 1934. Inició la carrera universitaria en la facultad de Arquitectura, entre los años de 1960-1963, fue ayudante docente de las asignaturas de Arquitectura y Artes Plásticas. Se gradúa de arquitecta en la Universidad Nacional de Tucumán en el año de 1963. En 1964: viaja a Cuba contratada por el Ministerio de la Construcción.

Trayectoria laboral

La rica historia profesional es posible enmarcarla en tres momentos importantes, que van desde su arribo al país en el año 1964 hasta su partida en el año 1985.

Su primera etapa de trabajo en nuestro país comienza a partir del año 1964-1968 en la dirección de obras en la Empresa Constructora de la ciudad de Bayamo, en la antigua provincia de Oriente.

Un segundo momento entre los años de 1969 y 1970 en Proyecto de Urbanismo y Planificación Territorial en el Instituto de Planificación Física de Santiago de Cuba.

Un tercer intervalo, y último en Cuba, entre los años de 1971 y 1985 en Proyectos de Arquitectura en Obra con sistema constructivo convencionales.

Primera Etapa entre los años de 1964-1968, en la dirección de obras en la Empresa Constructora de la ciudad de Bayamo.

En el año de 1964: realizó proyectos de: cafetería, dormitorios para becados, restaurante especializado en Marisco (notas personales de Fanny facilitado por María del Carmen Ocaño).

Es precisamente en esta época que desarrolla un trabajo creativo en la ciudad de Bayamo con la Empresa Constructora y donde es posible identificar algunos de sus proyectos.

Reafirmando lo dicho por ella, se identifican en Bayamo, además de obras en la Escuela Técnica, otras edificaciones en la ciudad como son ¨La cafetería “El Viajero” (antes el Mar INIT) y también la “Ludoteca” (construido inicialmente para una Pizzería)[2] ¨

Algunas de las fuentes consultadas ofrecen informaciones contradictorias.

¨En 1960 se inicia la construcción de la nueva escuela en un área de 10,6 hectáreas, finca rústica: lote de terreno sin nombre, situado en el barrio del Horno.

El 29 de junio de 1961 un grupo de estudiantes enterados del paso de Fidel por la ciudad lo interceptaron planteándole la necesidad de una escuela. Tras escucharlos, Fidel entregó una nota dirigida al Ministro de Obras Públicas Manuel Ray Rivero donde le sugiere la construcción de una escuela.

El proyecto de esta institución al igual que la dirección facultativa estuvo a cargo de la arquitecta argentina Fanny Navarrete, ganadora del concurso convocado a tales efectos. El primero de octubre de 1964 abre sus puertas[3]¨

Otra fuente señala, ¨La Escuela Técnica fue construida entre 1964-1965. A partir de las concepciones de la arquitecta Fanny, perteneciente en aquel entonces al departamento de proyecto Distrito Sur de Oriente del Ministerio de la Construcción4¨

Evidentemente hay contradicciones, Fanny no pudo estar en el proyecto y construcción de la instalación docente, que se inauguró para 1964, porque para aquella fecha se encontraba en su país natal estudiando la carrera de Arquitectura, que culmina en el año 1963 y solo viene a Cuba para el año 1964.

Tampoco es completamente cierto decir que la escuela fue construida para 1964-1965 bajo la concepción de Fanny.

Puede ayudar a comprender mejor las causas de las imprecisiones históricas conociendo las etapas desde su fundación. La Escuela Técnica tiene una primera etapa fundacional antes del triunfo de la Revolución donde radicaba en otros sitios de la ciudad. Un segundo momento a partir de año 1960 donde se empieza a edificarse en el lugar actual y se ejecutan pequeñas acciones constructivas que se aceleran con la orientación de Fidel de edificar la Escuela por la empresa constructora de la ciudad que dejó lista para su inauguración en 1964 con la edificación de las aulas, bibliotecas, talleres, entre otras.

Una tercera etapa se materializa entre 1964-1965 donde se edifica el comedor de paraboloides hiperbólicos y los dormitorios para becados.

La arquitecta con gran modestia al enviarle, el autor del trabajo, varias fotos de las edificaciones de la escuela solo reconoce ser autora de los dormitorios para becados y en sus notas personales lo reafirma.

Durante los años 1965-1967 trabajó en el Plan General y Proyecto de Edificio de la ciudad escolar ¨Camilo Cienfuegos¨ para 20 000 habitantes, como parte de un equipo de trabajo.  En el año 1968 trabajó en la remodelación del hotel Castillo del Seburoco para 120 habitaciones en la ciudad de Baracoa.

Un segundo momento entre los años entre los años 1969 y 1970 en el Instituto de Planificación Física de Santiago de Cuba.

En el Plan Cañero de la antigua región Manzanillo. En el diseño territorial y localización de asentamientos urbanos. En el plan viandero de Veguita. En el plan ganadero de Bayamo. En Planes Directores de los asentamientos urbanos de los centrales azucareros. En la realización de microlocalizaciones de inversiones inmediata.

Un tercer intervalo, entre los años de 1971 y 1985 en Proyectos de Arquitectura con sistema constructivo convencionales.

Desarrolló, de conjuntos con un valioso equipo técnico, un importante papel en proyecto y construcción de obras escolares donde destacan: la escuela Pedagógica de nivel medio, formadora de Maestro en ciudad de La Habana.  La escuela Pedagógica de nivel medio en las ciudades de Matanza, Cienfuegos y San Cristóbal. Filial Pedagógica para la formación de profesores de la enseñanza media. La escuela Militar de nivel pre-universitario. Escuela secundaria básica en el campo, con internado. Instituto pre-universitario en el campo. La Escuela Superior de Ciencias Políticas en ciudad de La Habana. Escuela primaria para la embajada URSS en ciudad de La Habana, entre otras obras.

Proyectos varios como: Hogar de Anciano. Tribunales Populares municipales. Planes Generales para la microlocalización de obras turísticas (trabajo en equipo): Plan General de Varadero (zona internacional) y Plan General de Barlovento (marina Hemingway). Estudio de Actualización y perfeccionamiento del sistema constructivo prefabricado Girón. Tutoría de tesis y muchas más.

 Consideraciones finales.

El propósito del estudio fue cumplido, pudiéndose profundizar en su obra y dejando abierta la investigación para abordar con más detalles otras temáticas, como su paso por el Grupo Nacional de Construcciones Escolares.

Al avanzar en la investigación se fue revelando sus valores, como profesional que había acudido al llamado del país, como lo hicieron cientos de latinoamericanos y europeos. Fanny fue creciendo profesionalmente para involucrarse en muchos proyectos de arquitectura y del ordenamiento urbano y territorial. Permitiéndole abordar las principales escalas del planeamiento y el diseño arquitectónico. Algunas de sus obras son emblemáticas por su impacto en la vida social y económica del país.

Pasó de ser de una persona poco conocida para las nuevas generaciones, a revelarse como fundadora de la Planificación Física, en sus primeros años, por derecho propio. En sus estudios se manifiesta sus aportes, fundamentalmente en el Ordenamiento Territorial y las obras educacionales en el país.

Al cierre de la investigación, un testimonio inesperado del destacado proyectista, Francisco Fonseca, nos revela a Fanny en su lado más humano. Por su valor lo transcribo.

¨Fanny Navarrete era una arquitecta que trabajó mucho en la oficina, de la antigua región Manzanillo. Era afable, pero callada.

Tenía una peculiaridad desplegaba la base topográfica en 10 000 y empezaba a tirar caminos, cuadros cañeros y hasta la perspectiva como quedaban los campos, tenía una excelente mano alzada. Ella me motivó, cuando veía como trabajaba con esa cantidad de planos tan grandes y que después se ejecutaron todos en el terreno. La arquitecta ha sido una de las inspiraciones de mi vida, lo que fui después, nació en ese intercambio, a veces sin palabras, de su modo de hacer que dejó su huella en mi existencia laboral¨

Lo sorprendente es que, sin saberlo, somos usuarios de sus obras, arquitectónicas o territoriales, como el simbólico Plan viandero de Veguita, donde generaciones de orientales participaron en la Escuela al Campo o en el Campo, en que se vivieron muchas historias de vidas, sin tomar conciencia esas personas de cómo se imbricaba su existencia con la de propia obra de Fanny.

En una entrevista de la TV Argentina (programa ¨Emociones¨)

Le preguntaron, ¿qué más extraña de Cuba?  Expresó:

¨De Cuba, extraño más, a su gente¨ y la alegría de vivir de los cubanos, a pesar de todas las circunstancias adversa de la vida¨

Al divulgar su obra solo podemos exclamar, ¡Fanny, amor con amor se paga!

[1] Documento de archivo sobre la historia del Instituto Politécnico Industrial Luis Ángel Milanés Tamayo. En el expediente confeccionado, sobre el centro docente, para aspirar al premio de Conservación y Restauración de Monumento (obtuvo Mención en Categoría de Conservación). En el libro, ¨Arquitectura de la Revolución cubana, 1959-2018¨. ¨Relatos históricos regionales – Tipologías – Sistemas¨.

[2] Expediente confeccionado, sobre el centro docente, para aspirar al premio de Conservación y Restauración de Monumento (obtuvo Mención en Categoría de Conservación)   

3 Archivos de la Escuela Técnica.

4 Arquitectura de la Revolución Cubana, 1959-2018

Veguita, una historia por contar.

Parte IV. Final

Qué tiene que ver un santiaguero, o mejor, miles de orientales, decenas de secundarias básicas en el campo ubicada en una zona rural, una escuela técnica, una arquitecta argentina, cientos de relatos de vidas que habitan en la memoria de sus protagonistas, un excepcional investigador de campo, un equipo de técnicos de planificadores físicos y un urbanista, que busca revivir pasajes de épocas pretéritas, vinculado a su profesión, y asume con asombro cómo se entrelazan estas historias, aparentemente inconexa, con su vida y la de sus compatriotas.

Veguita es un nombre familiar, cada año como tantos, primero en la secundaria y luego en el Preuniversitario, llegaba la ansiada etapa de la ¨Escuela al Campo¨ en este lugar y durante 45 días muchos educandos, de la antigua provincia de Oriente, realizábamos tareas agrícolas, bajo el principio martiano de combinar el estudio y el trabajo. Era el momento de salir de la tutela de los padres, tomar nuestras propias decisiones, atender necesidades básicas, y por supuesto, tener las primeras relaciones amorosas.
Nos albergaban en campamentos separados las hembras de los varones, a veces a muchos kilómetros, los uno de los otros, tal vez, a instancia de los preocupados profesores, aunque ya sabemos que no hay barrera suficientemente buena, a esa edad, donde se anda siempre a todo galope.
Muy cerca de los campamentos existen muchas Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBEC), que podrían servir como posible zona de animación a los fogosos jóvenes, sino fuera porque las direcciones de esos centros educacionales advertían a la parte femenina que no podían acercarse a los osados santiagueros. Lo sé de buena fuente, por azar del destino, en esa época, la que sería mi futura esposa muchos años después, y estudiante de la ESBEC Veguita 2, me lo reveló.
El tiempo pasó me hice arquitecto especializado en el ordenamiento territorial y urbano, otras fueron mis ocupaciones, entre ellas capacitar a estudiantes del Instituto Politécnico de Bayamo en una nueva especialidad, Planificación Física. Como profesor recibo muchas interrogantes de los alumnos, una de ella fue sobre el origen de la escuela, en honor a la verdad, sólo conocía el nombre de la arquitecta que decían los libros especializados que la diseño y construyó, se llama Fanny.
Herido en mi amor propio, decidí conocer esa mujer, y sin recibir encargo de nadie, excepto de mis alumnos, emprendí una interesante experiencia investigativa, que me permitió derribar mitos, corregir fechas y descubrir que, aparte de sus aportes en sus obras arquitectónicas en la ciudad de Bayamo, en los trabajos del Plan General y Proyecto de Edificio de la ciudad escolar ¨Camilo Cienfuegos¨, como parte de un equipo de trabajo y variados proyectos de obras escolares que se edificaron por todo el país, era también protagonista de un hecho poco divulgado que es, el de estar entre las fundadoras de la Planificación Física en Cuba.
Culminada la investigación, con datos sólido sobre su trayectoria laboral, me quedaba con la insatisfacción que no había podido entrevistar en Cuba a personas que la conocieron, más que nada por circunstancias adversas del destino, y ahora, como compensación, ante una pregunta, sin espera de una positiva respuesta, me dice mi colega Frank, una persona destaca en la investigación de campo y proyectista, con mucha naturalidad, y para mi asombro, que trabajó con ella en la antigua región Manzanillo, donde ella elaboraba planes de ordenamiento del macizo cañero de la costa granmense y, lean bien, en el ¡Plan Viandero de Veguita!, con un equipo de trabajo.
Frank describe su forma de trabajar, donde días y noche, eran parte de la jornada laboral, los enormes planos cobraban vida, y da fe, que tal como se diseñó el Plan General de la propuesta, se ejecutó posteriormente. Habla enfático, como aprendió de su forma de hacer, y lo que significó esa experiencia en su vida posterior. Ella me inspiró, y fue fuente de motivación profesional, dice Frank.
La idea de aprovechar una fecha, la celebración el 19 de mayo el 60 Aniversario de Planificación Física en Cuba, para hablar de personas que se han destacado en todos estos años, entusiasmo a muchos colegas de profesión, amigos y también a la familia.
En el hogar, mi esposa, al tanto de la investigación, me pide apoyo para otro estudio, y me da múltiples razones para hablar de Veguita, la oigo platicar con entusiasmo de famosos directores de ESBEC de la época, argumenta de las múltiples personalidades de la cultura, la medicina, profesores, decisores y un largo etcétera que salieron de esos centros. En su afán de convencerme, me habla hasta de sus dos vecinas que estudiaron en esos predios. Se extiende en jocosas historias cuando el terremoto del 76, recuerda encuentro deportivos entre escuelas, eventos culturales memorables, dice que hay cientos historias de vida que merecen ser contadas…en realidad yo quiero ayudarla, aunque tengo duda del tiempo que dispongo.
De vuelta a mi oficina me espera Frank, deseando buscar, en el archivo de la entidad, que él organizó, los planos que no ha tocado nadie en años, el mapa original de Veguita que diseño la arquitecta Fanny, se hace difícil su localización, pero juntos revisamos interesantes piezas de museo de incalculable valor histórico, aparece un uso de suelo de los años 70 siglo pasado, un plano de 1932 copiado del archivo de Indias de España, un plano de Manzanillo de 1807 a 1820… absorto en tales trabajo y revisando un mapa de Veguita, me dice Frank, ¨Zayas si tu supiera como nosotros participamos en los proyectos de Veguita y en la localizaciones de todas esas ESBEC¨.
Aumenta el entusiasmo, sencillamente no lo puedo creer. Frank se abre a los recuerdos, habla de un encuentro de trabajo en el Puesto de Mando Nacional de la Agricultura, conocido como Nazareno, en ciudad de La Habana, y la visita a la primera la ESBEC ¨Ernesto Che Guevara¨ (Ceiba 1), como parte de un intercambio de trabajo para adquirir experiencia en la ubicación de estas escuelas en el Oriente cubano.
Explica que había un proyecto de 28 escuelas, de las cuales se edificaron 14 y un pedagógico en Veguita, que se localiza cada instalación en el centro de un área tributaria de 40 caballerías, dependiendo de elementos claves, como la accesibilidad. Habla de sus 10 años de trabajo con el capitán José Arteaga, más conocido como Pituti, dedicado al control de ejecución de esos proyectos.
Retrocede en el tiempo y me explica cómo llegaron a esta etapa de trabajo. A partir del Plan General de Fanny y su equipo. El trabajo de mesa con la definición del anteproyecto general, donde participó él, dando los detalles del catastro y las primeras ideas conceptuales, con la participación de la arquitecta Marta Roig y otras especialistas. Ya con el levantamiento topográfico de la zona, el arquitecto del Instituto de Planificación Física de Santiago de Cuba, Leandro Pérez, definió los detalles de cada lote donde irían enclavadas las ESBEC. Para el proyecto contaron con el tradicional apoyo técnico de otras instituciones como vialidad, hidráulica, entre otras.
No por gusto Chabela, Vicedirectora Técnica de Granma de esa época, en un comentario en las redes, expresó ¨…nuestra mayor fortaleza en esos momentos, era contar con un catastro tan detallado, y una buena base cartográfica que nos permitían trabajar desde la oficina proyectos maravillosos cuando comenzaron las Escuelas al Campo¨. En otra acotación menciona nombres entre los proyectistas que trabajaron el planeamiento como, Felipe Milanés y Jorge Soto.
Creo que ya lo presumen los lectores, en nuestra profesión hay individualidades, pero es por naturaleza un trabajo colectivo, donde intervienen grupos de trabajo, cada uno con una misión determinada que permite ir de lo general a los detalles o dicho con otras palabras de la información, el catastro, las ideas conceptuales, el anteproyecto, el proyecto ejecutivo y por último la edificación de las obras, en este caso el Plan Viandero Veguita con sus lotes, caminos, canales, cortina rompe viento, tanque apoyado, cisternas, almacenes, etc. y por supuesto las ESBEC.
¨Causas y Azares¨ también podría haber sido el título de este artículo, en cualquier caso, el mundo no parece suficientemente grande para que podamos escapar de esa extraña madeja de interrelaciones, donde personas y situaciones se empeñan en encontrarse, a pesar de todo.

 

 

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