Los significados, los valores urbanos y su identidad.

Qué tiene en común una minúscula, y disfuncional parada, en la ciudad de Bayamo, ya desaparecida, y la intervención en una de las calles arboladas más hermosa de La Habana.
Las noticias sobre la labor en calle G o Avenida de los Presidentes en la capital del país aviva la polémica con la acción de empedrar un pequeño tramo arbolado de la misma.
Varios amigos de las redes me hacían llegar las imágenes y sus encontradas opiniones, tal vez, porque en las últimas semanas había dedicado varios artículos a hablar sobre un tema que me preocupa, y ocupa, las áreas verdes.
La verdad no tenía todos los elementos de análisis y sé que siempre hay razones para actuar, las buenas intenciones siempre están presentes, otra cosa son los resultados que al final se alcanzan.
Tal vez el principal problema sea la falta de información, las razones expuestas parecen justificar la acción, vinculada con los habituales penetraciones del mar en la zona, aunque siempre existe la duda si era necesario esta acción tan radical, el espacio construido en la zona está en todas partes, edificios, redes, mobiliario urbano y es imposible renuncia a su uso, pero curiosamente sí a sus áreas verdes, a pesar de los habituales contratiempos que ocasiona. Pienso, ¿no era posible crear un espacio verde?, por ejemplo, con altas jardineras, arbolado marino, macetas desmontables y un largo etcétera, espero que se pueda buscarse una acción alternativa.
Lo que llama la atención es la enorme pasión que ha motivado y algunos están asombrado que esta minúscula acción, dentro de la gran ciudad, haya avivado un volcán de opiniones.
Lo cual no debe extrañarme. Recuerdo dos ejemplos que desataron iguales pasiones, en la ciudad de Bayamo, una acción necesaria, pero polémica, la talad de los árboles de la plaza de la Revolución, una herida aun por cerrar, en el corazón de muchos de sus pobladores y otra intervención más local, pero muy dolorosa para los habitantes del reparto Nuevo Bayamo, la desaparición de una pequeña construcción que en un tiempo fue una parada, tal vez la más pequeña del país, y que era el portal, no oficial, de entrada al barrio y uno de los atributos que lo caracterizaban.
Recuerdo una pobladora del reparto Nuevo Bayamo que me decía del dolor que sentía por la desaparición de su modesta y simbólica parada, erradicada para ubicar una hermosa volumetría con el nombre de la ciudad, en un espacio preferencial de la misma.
Para a ella la presencia de la edificación era como entrar al barrio y llegar a su casa. El sitio está impregnado de recuerdos de su niñez y confiesa que con su desaparición siente que se fue una parte de su historia.
Aunque nos parezca extraño las personas establecen una relación con los objetos y los elementos bióticos, que los rodean y algunos llegan a formar parte de los elementos que lo identifican y es necesario conservar.
Tal vez, por nuestro mal trabajo como planificadores físicos, las autoridades locales nunca fueron conscientes del daño infligido, que hubiera permitido evitar la acción o buscar una alternativa reparadora.
Qué tienen en común estos espacios, más allá de lo mucho o lo poco que se intervenga sobre ellos, es que forman parte del acervo cultural de sus habitantes y se convierte en elementos identitarios para sus pobladores, muchas historias están ligadas a la vida cotidiana de las personas, sobre los cuales no es posible intervenir sin que medie una amplia divulgación y una efectiva participación ciudadana.

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