Ya está hecha la alerta, ¡hay Iceberg!

Una llamada telefónica de una colega, al concluir el viernes la jornada laboral,  para reportarme alarmada  que estaban cortando los árboles en una importante arteria de la ciudad, y además vía de comunicación regional, que hace pocas décadas ofrecía  un amplio arbolado en ambos sentidos de la senda, a topar con los elevados, en la ciudad de Bayamo,  y hoy, después de dos nuevos cortes, apenas llegan a tres  las especies sobrevivientes en el lugar.

No dudo de las buenas razones para la acción, siempre las hay, sólo lamento que todos estos años no se haya efectuado una resiembra del área afectada, teniendo cuenta que en su entorno próximo clasifica como zona con tendencia a la deforestación. Lamentablemente hay experiencias similares en otras áreas de la ciudad.

El sábado, para mi asombro, una nueva llamada, de una amiga arquitecta y colega de muchos años, esta vez a mí casa, para pedirme mi valoración, sobre una hermosa instalación de servicio,  en cuanto a su ubicación, el derribo de dos árboles  en el sitio y la afectación de un gimnasio biosaludable, preferí no omitir criterio alguno e informarme primero. Aunque sé de antemano que la regulación, que es la misma para cualquier inversión estatal o privada, lo que establece es, ¨lo que afecte en el proceso constructivo de una  inversión es  obligación rehacer o reparar el daño¨,  tal vez, el error táctico principal ha sido haber puesto en explotación la instalación, sin terminar primero el gimnasio biosaludable, en su ya definida nueva ubicación, lo que provoca un innecesario malestar.

Sobre el tema, observo con curiosidad, e inquietud,  una multitud muy grande de criterios en las redes sociales con los más variados enfoques a partir del artículo publicado por  una apasionada periodista defensora de la ciudad y su  medio ambiente.

Los temas urbanos-ambientales acaparan, como nunca, el protagonismo, la nueva era de la comunicación lo propicia.

Fuera del terruño, en la capital del país, la construcción de un muro  y una intervención desafortunada en un sitio emblemático de la urbe, en calle G, provoca acalorados debates y una dura reprimenda de sus principales autoridades a los organismos rectores por no alertar, y actuar, para evitar la violación de normas y las regulaciones del lugar.

No puedo ofrecer una opinión institucional sobre todos estos sucesos, porque no me corresponde hacerlo, en todo caso es solo una opinión personal como ciudadano que tiene un compromiso con su profesión y su entorno.

La pregunta inevitable es, ¿por qué suceden hechos como los narrados?

La inmediatez en estos tiempos, de plataformas digitales y redes sociales es inevitable que  facilite el conocimiento de los más variados tópicos en muy breve tiempo, los medios tradicionales tienen el reto de asumir los nuevos  ritmos y ser portadores de sus ciudadanos, mediante una amplia divulgación, ya sea para  denunciar o aclarar las interrogantes cuando se traten de acciones que tienen  un impacto en la vida económica, social o cultural de la ciudad.

Hay que entender la actitud de la gente que ineludiblemente con el tiempo transforma el espacio físico en un espacio cultural y de identidad, al asumir la salvaguarda de sus valores. Ejemplo paradigmático fue la tala de los árboles de  la plaza de la Revolución de Bayamo y la propia calle G, en la capital del país.

Por otra parte he observado con curiosidad, confieso que me falta información,  como muchas temáticas ambientales, desde la realidad que conozco, tienen su expresión más acabada, en cuanto a investigación y gestión, en temas como las áreas protegidas,  la cuencas hidrográficas, los focos contaminantes, saladares, zonas inundables,  y un largo etcétera, muchas veces en enfocado a problemáticas del territorio, sobre zona despobladas o con poca población y se siente la falta de análisis y seguimiento de otras temáticas ambientales vinculadas a los grandes conglomerados urbanos donde es posible trabajar en muchas  medidas de atenuación, como las altas temperaturas, que permita proporcionar  confort climático a sus habitantes. Por solo citar algunas líneas de trabajo posible está la arquitectura bioclimática asociado a la forma de las construcciones que permitan aprovechar mejor los elementos naturales como el viento, la lluvia, el sol… la ubicación de nuevas  urbanizaciones, e instalaciones, los colores con que pintamos  el espacio construido que puede aportar varios grados de temperaturas menos en nuestros hogares, un mobiliario urbano diseñado para proporcionar frescor y sombra en zonas comerciales importantes.

Un arbolado salvador, que está asociado a la vida de las personas por  razones de todos conocidas, proporciona además bienestar climático, a veces poco interiorizado, a modo de ejemplo la acera arbolada puede tener la mitad de la temperatura que la vía peatonal que esta desprovista de árboles. No vivimos en Siberia, sino en el trópico.

Entonces, ¿es un problema ambiental, y de salud, o no, qué estemos perdiendo la masa verde en el entramado urbano y no actuemos con la diligencia necesaria?

Aceptemos que somos usuarios de la ciudad y tenemos visiones, a veces contradictorias, sobre el espacio que habitamos, necesitamos analizar los problemas de diferentes perspectivas para no errar, o equivocarnos menos.

Eso  nos lleva a una lógica conclusión, necesitamos un espacio en que todos estemos representados, y podamos aportar nuestras ideas, de conjunto, y en apoyo, al trabajo de las instituciones sectoriales, para enriquecer las soluciones ambientales, arquitectónicas, urbanísticas, la propuesta cultural y otras muchas esferas de interés de la vida citadina.
Las instituciones rectoras tienen en sus manos la solución del problema: actuando, asesorando y alertando a los decisores.

La población no es un ente pasivo, sino activo, y a todos nos toca asumir los retos, la deferencia con la sociedad está en nuestras  manos: alertando, denunciando, proponiendo soluciones, creando vivero en casa o centro de trabajo, sembrando, reciclando….

Ya está hecha la alerta, ¡podemos, y debemos, evitar los Iceberg!

 

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