Una historia por contar del surgimiento de la provincia Granma.

Leo con pesar la noticia de la desaparición física de Pedro García Lupiáñez, una persona querida en el territorio, hombre de pueblo y de historia de lucha, que por sus méritos se convirtió un 7 de noviembre de 1976 en el primer presidente del gobierno en la nueva provincia de Granma.

Ese día fue el momento culminante de muchos meses de trabajo que permitieron que las dos antiguas regiones de Manzanillo y Bayamo se fusionarán en una sola para dar origen al actual territorio, cuya capital es la ciudad de Bayamo.

En un interesante artículo publicado por el periódico ¨La Demajagua¨, de la periodista Sara Sariol Sosa, donde se habla de la vida del destacado dirigente se recuerda la creación de una comisión organizadora presidida por Lupiáñez junto con Daniel Rodríguez Verdecía, y otros valiosos compañeros, para dirigir las acciones necesaria que permitieron su fundación.

Hace unos años, en 2016, se cumplieron 40 años de la fundación de los Órganos del Poder Popular, y Granma no fue ajena a estas celebraciones, muchas actividades se realizaron y sus creadores fueron homenajeados.

Pocos conocen de la historia de una mujer que casi desde el anonimato, para el gran público, estuvo en el centro de los estudios de la nueva División Política Administrativa (DPA) que hizo posible el nacimiento de la provincia Granma, su nombre es Chabela Jústiz García, de profesión arquitecta.

Recuerdo haber escrito un artículo, en el mes de febrero de este año, con el nombre, ¨La Embajada¨, para hablar de dos personas maravillosas vinculadas a la planificación física, en sus primeros años, Nicolás y Martha, cuya casa servía de refugio para cuanto persona la necesitaba, de ahí el nombre, y que casualmente eran vecinos de Pedro García Lupiáñez.

Sería interesante leer el comentario de Chabela agrupado en un compendio de temas, ¨sin espacio para el olvido¨, en saludo al 60 Aniversario de la Planificación Física en Cuba, en referencia a mi texto, ella decía:

¨Me transportaste en el tiempo y me vi jovencita, recién graduada y junto a Selma (Díaz) en el portal de casa de Martha y Nicolás, esperando a Pedro (Lupiáñez), para ¨ponerme en sus manos¨, porque yo iba a quedarme en Bayamo para iniciar los estudios de la DPA.

Desde ese momento, Pedro me ¨asumió¨ como una hija…Esa ¨embajada¨ fue mi salvación durante mis primeros años en Bayamo y estará en mi corazón por siempre y para siempre¨

Lo cierto es que la joven profesional recibió una tarea titánica, que consumirían toda sus energía y talento, en una carrera contra el tiempo y que demostró su valía que le permitió desempeñarse con éxito futuras responsabilidades.

A los jóvenes profesionales, en la era de la computación, no tienen idea de los retos. Los estudio de la División Política Administrativa de un territorio o país, son muy abarcadores y para llegar a conclusiones sobre posibles propuestas son muchos los temas que deben ser analizados que van, desde el funcionamiento de todas las estructuras territoriales existentes, las migraciones, su sistema de asentamientos, su población, las actividades económica productiva y de los servicios, la infraestructura existente, condiciones naturales hasta las tradiciones culturales y un largo etcétera.

Son cientos de tablas con muchos indicadores y más importante aún saber agrupar e interpretar los datos con información vital para la toma de decisiones.

Ahora sería algo así como diseñar una informe, a modo de estructura, que se van llenando digitalmente con la informaciones aportadas, de diferentes temáticas, por un equipo de trabajo y un proyectista general analiza y le da coherencia al contenido.

En la época de Chabela, era un mar de papeles, escrito con diferentes letras del equipo de labor, digno para un especialista en el descifrado de los textos, lleno de apuntes y notas al pie que había que agrupar, darle coherencia al contenido, interpretar para luego hacer la ardua labor de síntesis y propuesta, que una secretaria, con su máquina de escribir, como la inestimable Cachi, mecanografiaba, bajo la presión de no cometer ni una falta de ortografía, a riesgo de empezar de nuevo.

La casa de Chabela, junto a Cachi, era su puesto de mando de todos los días, de todas las noches y posteriormente al visto bueno de las autoridades, con su cúmulo de observaciones y arreglos, y para terminar la reproducción que era igual de tortuosa.

Después de meses de trabajo, al fin, la toma de decisiones y el surgimiento de un nuevo territorio, con el nombre histórico de Granma.

¡A Chabela, Lupiáñez y tantos otros, gracias, muchas gracias por sus inestimables aportes!

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