Sin fecha en el calendario

Vi con asombro un programa de televisión en el que entrevista­ron a una conocida periodista, ya jubilada. Ella expresaba su frustra­ción por el aparente olvido de la directiva de su entidad.

Siento el impacto de sus palabras por los hechos narrados, viniendo de alguien recordada por su profesionalidad y que marcó la vida de generaciones de cubanos amantes del deporte.

Pero no es tan insólito lo narrado, lamentablemente se acerca dema­siado a la cotidianidad.

Pasado el momento de la jubila­ción, se desvanecen, poco a poco, los vínculos con el centro laboral, y se relega al jubilado por los principales actores donde ejerció (por suerte, existen honrosas excepciones).

Quizás, si el arrepentimiento por tanto esfuerzo tocara a la puerta del retirado, no sería por su noble labor de muchos años, por lo aportado, sino, debido al costoso error huma­no, a la responsabilidad del que ol­vidó atenderlo, ahora, en la blandura de su vejez.

Es obvio que los retos que impone la vida, muchas veces, dificultan hacer un alto para pensar en este asunto, lo cual no exime de culpa; solo queda la reflexión mesurada y las acciones reparadoras a analizar en los consejos de dirección, las sec­ciones sindicales o los colectivos de trabajadores, a fin de subsanar tales penosos deslices.

Los jubilados forman parte de la memoria institucional, como lo son todos, en especial aquellos que ya rondan la edad de retiro, y sentimos que falta el acto público, el recono­cimiento oportuno, expresarles cuánto significan para sus compa­ñeros. Aunque pensemos que queda mucho tiempo, esa puede ser nues­tra propia realidad.

Mientras, busco la forma de agra­decer a mis colegas, en el micro mundo de mi espacio laboral, de reconocer a quienes entregaron o entregan sus vidas a la labor diaria, impregnado de la lógica de un refrán chino: un camino de mil pasos co­mienza en un solo paso.

Por ejemplo, a Gabriel, un veterano compañero de labor, no está enfermo, aún le faltan dos años para tener edad de retiro; pero, ¿por qué esperar un “momento adecuado” para decirle cuánto lo apreciamos?, ¿por qué no aprovechar hoy, ahora, para manifestarle lo mucho que el colectivo le agradece en el plano profesional y humano?

Él nació en un humilde hogar, tercero de 11 hermanos, en un pequeño asentamiento rural del municipio de Jiguaní, conocido como la Cañada del Aguacate.

El sitio para el colectivo es motivo de chanza, por las constantes referencias que hace a su lugar de origen, al parecer fuente inagotable de refranes y peculiaridades propias del lenguaje, que hace pensar en una especie de endemismo idiomático.

Lo importante es comenzar ya, la forma de la deferencia con los suyos está en sus manos, por mi parte, escribo sin formalismo, saludo a Gabriel, no importa que no haya fecha importante por celebrar en el calendario.

Share