La embajada

Sin espacio para el olvido.

De esa generación de pioneros, muchos recuerdan a Nicolás, hombre jovial y amado por el colectivo, famoso por su hilaridad y esa habilidad para hacer cuentos, que, como buen profesional, enumeraba en una libreta hasta una cifra superior a 400 que el colectiva exigía ¨Nicolasito¨, el cuento 4… no, no, el 8, el 80…¨y él complacía a todos. Sin que este divertimiento menoscabara su labor.
Pero Nicolás, sin Marta su esposa, no era Nicolás. Ella lo complementaba, lo cuidaba, ayudaba en ese gesto solidario que siempre tenía para lo demás. La casa de Nicolás nombrada por los amigos como ¨La Embajada¨ porque servía de refugio para todos el que la necesitaba, ya fuera un amigo investigador, una recién graduada que hacía práctica de producción, una Directora de la institución necesitada de apoyo, tal vez Chabela, Selma Díaz, y muchos otros, podrían evocar esas estancias en la casa de Marta. El hogar de ambos, era también almacén improvisado, y servía de apoyo a la logística de múltiples actividades de trabajo o festiva que demandaba la naciente organización de planificadores físicos. Ellos son, una más, de las 37 parejas que trabajaron en el Sistema de la Planificación Física de Granma.
En ese espacio residencial se sentía la magia del momento, ¿estaríamos ante lo ¨Real Maravilloso¨?, que hablaba el novelista Carpentier, ¿no me creen?
Ustedes no se acuerdan de una telenovela brasileña dónde en la ciudad de Sao Paulo, de más de 12 millones de habitantes, y miles de restaurantes, los actores de la trama se reunían o se encontraban por casualidad, de forma insólita, en un único establecimiento gastronómico, en una clara licencia del guionista, que hizo lo improbable, realidad.
Pues que hay de raro que la realidad supere a la ficción. En la Casa de Marta y Nicolás, que construyó el conocido arquitecto Enrique, por cierto, y donde se aglutinaban en su espacio desde una recién graduada, una directiva del Sistema de la Planificación Física, investigadores de campos, vecinos, un futuro presidente del gobierno provincial, y un largo etcétera y si fuera poco, para mi sorpresa, enfrente de la casa de Marta, corría el año 1964, una arquitecta desconocida y recién graduada hacia un año antes en su país, desandaba frecuentemente por esa calle 5 Ta  del Nuevo Bayamo, porque, frente a la vivienda de ambos, había cinco casas en construcción, donde deduzco que la arquitecta tenía asignado la supervisión técnica de la obra, aunque los vecinos se empeñan en afirmar de forma conclusiva, que son obras de ella y mencionan su nombre con mucha familiaridad.
– Se llama Fanny y es argentina- afirman los pobladores.
Aunque ella no me lo mencionara en su trayectoria laboral que me envió de su propio puño y letra, qué se puede hacer, es parte, ya, de la leyenda.

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