Sin espacio para el olvido. María Emilia Pérez.

 
 

Entró en el 1976 con la Nueva División Política Administrativa que dio origen a la provincia de Granma.

Cuenta que ingresó a la Dirección Provincial de Planificación Física porque su padre vio a Miriam Saborit (investigadora de la DPPF) que estaba trabajando en la calle y le dijo ¨oye tengo una vaga en la casa, búscala para que se ponga a trabajar¨, y Miriam se lo dijo a Chabela, Vicedirectora Técnica, que la conocí, y la Directora Ramona, se aparecieron en la casa y le ofrecieron una plaza de dibujante, conociendo las habilidades de María Emilia, con el tiempo de técnico empírico pasó un curso de Proyectista y empezó a ejercer la nueva profesión.

Debo decir que, en planeamiento, María Emilia, junto con Felipe Milanés, fueron los proyectistas más originales y brillantes de aquella época. A diferencia de Felipe, que destilaba genialidad y cubanía, ella lograba sus resultados laborales destacado por su dedicación al trabajo y su tenacidad en la realización de tareas, aunque de vez en cuando le saliera lo de isleña y la cantaleta en el área fuera de marca mayor, tal vez por eso y por lo noble de su corazón está en el alma de sus compañeros. Ella, además de las variadas tareas desarrolladas en el departamento de Provincial, desempeñó una importante labor sindical.

Personalmente le debo mucho en mi formación, era mi mentora, casi recién graduado, como atendía el municipio montañoso de Guisa me fui con ella a la loma a ubicar muchas viviendas y servicios sociales en la montaña. Recuerdo especialmente un día que fuimos a María Tomasa, un asentamiento rural en el fin del mundo, con mulo incluido, y su notable esfuerzo porque aprendiera habilidades de ubicación en un lugar a través de aprovechar los elementos naturales del sitio, como los árboles.

En los últimos años de trabajo todos reíamos en el departamento por su frase de todos los días ¡llega 2004 444444444! ¡Llega 2004 444444444!! el 2004 llegó, y con el, la tristeza de verla partir.

Ahora es una mujer realizada, pertenece a un proyecto socio-cultural de trabajo comunitario de artes manuales donde hace realidad un viejo sueño creando sus muñequerías de gran aceptación por la población.

Me confiesa que siempre recuerda a sus compañeros y el trabajo con mucho amor.

 
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