Hacer la tarea.

En saludo al 509 Aniversario de la ciudad de Bayamo.
 
Soy urbanista o planificador físico desde hace muchos años, es una profesión interesante, permite organizar el espacio natural o construido de un territorio o su espacio urbano.
Para hacer nuestro trabajo es necesario conocer todas las actividades o actores que actúan sobre un espacio, por demás finito, que es motivo de conflicto, para buscar las mejores soluciones y lograr la armonía de todas las partes de acuerdo a requerimientos técnicos y sociales.
Lamentablemente, tal como lo conocemos actualmente, ya no se estudia en la universidad esta especialidad, pero tengo la esperanza que esa omisión sea rectificada por el bien del espacio físico.
Muchos actores actúan sobre el espacio citadino, y no es censurable, porque todos somos usuarios de la ciudad, aunque el necesario acompañamiento técnico es una necesidad para reducir el margen de errores en proyectos urbanos y arquitectónicos cuando se realizan sin un conocimiento especializado.
En ramas como la cultura se condena enfáticamente el intrusismo profesional. Se defiende un arte hecho por profesionales ante la vulgaridad de un producto artístico elaborado por neófitos, como una industria que solo persigue el interés comercial alejado de sus verdaderos valores.
Curiosamente los profesionales del diseño, el planeamiento físico y la construcción no se han pronunciado oficialmente, que yo conozca, sobre esta mala práctica, de forma enfática, que puede empobrecer nuestro espacio visual.
En la ciudad donde vivo veo con satisfacción que a pesar de las limitaciones materiales y financiera por todos conocidas, hay un importante cambio renovador con acciones de infraestructura, espacios públicos y sobre instalaciones de servicios.
Pero como arquitecto advierto diseño o propuesta que podrían ser mejores, me doy cuenta que faltó el necesario debate técnico, más allá de los mecanismos existentes, no solo estoy pensando en la belleza estética, sino además en la racionalidad económica de una obra.
A diferencia de muchos, no comparto la práctica de imputar la culpa de los deslices solo en la toma de decisiones y observo nuestra cuota de responsabilidad a nuestra propia incapacidad de lograr que organizaciones como la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba jueguen su papel o que instituciones que tienen un encargo estatal definido no hayan podido imponer su visión técnica, que solo puede lograrse con sólidos argumentos y apoyándose en los propios mecanismos existente que contribuyan a minimizar los comprensibles, e inevitables, errores humanos.
No es un fenómeno local, son retos a vencer en cualquier ciudad cubana, e incluso más allá de nuestra frontera. Es crear conciencia sobre un problema que puede ser invisible a los ojos de muchos, en ese sentido la divulgación ayuda a traer sobre el tapete un tema, de los muchos abordar, en que es necesario lograr el consenso con el concurso de todos en especial de sus planificadores físicos y los principales actores del entramado urbano.
 
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