La ciudad y los medios.

Existe el auto bloqueo informativo sobre temas importantes para la ciudad, oímos el debate acalorado en las calles sobre acciones de renovación sobre el espacio citadino, puede ser una plaza emblemática para la ciudad o perder la oportunidad de agregar a la reparación de un cine su original estilo art déco por una absurda incomunicación técnica, el no poner el portal público a una instalación de servicio, recientemente reparada, un signo distintivo de una zona de animación lastimosamente transformada en el Centro Histórico de la ciudad, la construcción de un nuevo paseo, entre muchas acciones constructivas que se han ejecutado. Las opiniones son encontradas, lo que más destaca es la falta de una adecuada información, los procesos de trabajos participativos necesitan ser perfeccionados, es necesario la integración entre todos los actores que actúan sobre un espacio diverso.
Evitar los estancos entre entidades y estimular el debate, empezando por la parte técnica, artística, la población, y luego ejercer con profesionalidad el papel de asesores con las autoridades.
Hay una voluntad política por mejorar las ciudades, ahora contextualizado con la Nueva Agenda Urbana y sus principales objetivos, en especial el referido a las ciudades y asentamientos humanos inclusivo, resiliente y sostenible.
Se hacen acciones de renovación que son destacables y elevan el sentido de identidad de sus pobladores, solo la falta de una sinergia colectiva que rompa las trabas que lastran tan nobles propósitos.
Sobre el tema se ha argumentado en otras ocasiones, sin lograr una adecuada divulgación por parte de los medios de comunicación.
Le toca a la prensa la publicidad  de contenidos prioritarios de las ciudades para dotar a los lectores de los argumentos necesarios que les permitan hacer valoraciones críticas de su entorno, ahora con conocimiento de causa.

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Aprendiz de Cocinero


La culinaria no es mi especialidad, pero todos tenemos historias más o menos gloriosas que contar.
Mis cuatros años de misión técnica en Namibia fueron un recordatorio forzado de mi esfuerzo de aprendiz de cocinero que terminaron al concluir el contrato como colaborador con felicitaciones, y un diploma imaginario que me prometí a mí mismo para ser colgado en la cocina de mi casa, con un firme determinación, ¡Nunca más!
Recuerdo que la primera vez que me enfrente a la cocina estaba con un grupo numerosos de colegas que pasábamos un postgrado de Planeamiento Regional y Urbano en Polonia: indios, ghaneses, tanzano, etíopes, polaco, sirios, iraní, iraquí, chinos y un largo etcétera. Maravillosas personas que una amiga argentina que terminaba el mismo curso, pronóstico, con terrible acierto, que se harían repúblicas, tribus, grupos, surgirían extraños ermitaños, en menos de 15 días. De ahí comprendí el porqué de las largas pruebas de convivencias tan habitual en los astronautas ante de viajar al espacio.
Así que mi nueva y extraña nación de personas afines estaba integrada por: ghaneses, tanzano, etíopes, sirios y chinos.
Mi primer intento por aprender del arte culinario, me llevó con los colegas africanos, la oferta para cultivarme, era la preparación de grandes morcillas de cerdo, con una extraña salsa y un fuerte olor a picante que me hizo abandonar el curso en la primera clase y ver correr a las sirias para ventilar la habitación del prohibitivo olor.
La china siento lástima de mí y me hizo una especial invitación, su ayudante de cocina, el colega Li, se encargaba de otear, desde el octavo piso de la residencia estudiantil, lo que él denominaba ¨vegetales salvajes¨. Un caldo con abundante agua y trocito de minúsculas carnes flotaban en un mar de verduras silvestres me hicieron dudar de que la oferta logrará satisfacer mis perentorias necesidades humanas.
Mis amiga sirias se unían al grupo de apoyo invitándome a su convite y debo confesar que su propuesta era excelente, un paquete de dátil sobre la mesa, frambuesa, rebanas de pan, arroz con espaguetis, algo así como nuestro popular, moros y cristianos, y carnes. Lo malo que dónde voy a conseguir un saco de dátil traído del lejano medio oriente.
Planteado el problema solo pude acudir a ¨la creatividad del cubano¨ y pasarme un mes consumiendo codito con salchicha los fines de semana.
Redondeaba la oferta la típica comida europea ofrecida en el restaurante de la universidad, con papa como plato base y una variada de ofertas en la que solo recuerdo con nostalgia una salvadora y gustativa sopa de remolacha, que 30 años después ahora pretendo revivir, por primera vez, para asombro de mi familia y amigos que no logran entender mis nuevas motivaciones y que yo atrevidamente se la ofrezco como la propuesta del ¨Chef¨ cómo bálsamo contra las transgresiones estomacales después de una noche de convite.

Borsch (Sopa)
Ingredientes:
2 litros de caldo de carne.
100 gramos de carne de osobuco o morcilla.
1 remolacha roja cocida. 200 gramos de col blanca.
1 zanahoria, 1 cebolla, 2 patatas, 1 pimiento rojo.
2 tomates, 1 diente de ajo. Nata fresca Creme Fraiche.
1 cucharada de tomate concentrado. 2 hojas de laurel.
Sal, Pimienta y una cucharada de vinagre blanco.

Elaboración:
Pica la cebolla y el pimiento en cubos pequeños. Haz lo mismo con el ajo.
Quítale la piel a los tomates y rállalos.
Ralla también la remolacha roja y la zanahoria.
Pica la col en tiras largas muy delgada.
Calienta el caldo de carne a fuego medio y ponle las patatas cortadas (en su defecto malanga) en cubos medianos.
Mientras tanto, haz un sofrito en aceite con cebolla, la zanahoria, la remolacha rallada, el tomate concentrado y la cucharada de vinagre.
Cuando haya pasado unos 10 minutos de cocción de caldo con las patatas, échale todo el sofrito y la carne previamente picada. Mezcla bien, cocina 10 minutos más a fuego suave.
Agrega sal y pimienta al gusto.
Ahora vas a ponerle el ajo, el pimiento, la col y las hojas de laurel. De nuevo deja que se cocine otro poco más.
Cuando ya el caldo tenga buen sabor y la papa (la malanga) esté suave. Apaga el fuego y deja reposar unos 5 minutos.
Sírvela y cologue en su centro una poción de nata fresca.

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Hacer la tarea

Soy urbanista o planificador físico desde hace muchos años, es una profesión interesante, permite organizar el espacio natural o construido de un territorio o su espacio urbano.
Para hacer nuestro trabajo es necesario conocer todas las actividades o actores que actúan sobre un espacio, por demás finito, que es motivo de conflicto, para buscar las mejores soluciones y lograr la armonía de todas las partes de acuerdo a requerimientos técnicos y sociales.
Lamentablemente, tal como lo conocemos actualmente, ya no se estudia en la universidad esa especialización, pero tengo la esperanza que esa omisión sea rectificada por el bien del espacio físico.
Muchos actores actúan sobre el espacio citadino, y no es censurable, porque todos somos usuarios de la ciudad, aunque el necesario acompañamiento técnico es una necesidad para reducir el margen de errores en proyectos urbano y arquitectónico cuando se realizan sin un conocimiento especializado.
En ramas como la cultura se condena enfáticamente el intrusismo profesional. Se defiende un arte hecho por profesionales ante la vulgaridad de un producto artístico elaborado por neófito, como una industria que solo persiguen el interés comercial alejado de sus verdaderos valores.
Curiosamente los profesionales de la construcción y el planeamiento físico no se han pronunciado, que yo conozca, sobre estas malas prácticas, de forma enfática, que puede empobrecer nuestro espacio visual.
En la ciudad donde vivo veo con satisfacción que a pesar de las limitaciones materiales y financiera por todos conocidas, hay un importante cambio renovador con acciones de infraestructura, espacios públicos y sobre instalaciones de servicios.
Pero como arquitecto advierto diseño o propuesta que podrían ser mejores, me doy cuenta que faltó el necesario debate técnico, más allá de los mecanismos existentes, no solo estoy pensando en la belleza estética, sino además en la racionalidad económica de una obra.
A diferencia de muchos, no comparto la práctica de imputar la culpa de los deslices solo en la toma de decisiones y observo nuestra cuota de responsabilidad a nuestra propia incapacidad de lograr que organizaciones como la Unión Nacional de Arquitecto de la Construcción de Cuba jueguen su papel o que instituciones que tienen un encargo estatal definido no hayan podido imponer su visión técnica, que solo puede lograrse con sólidos argumentos y apoyándose en los propios mecanismos existente que contribuya a minimizar los comprensibles, e inevitables, errores humanos.
No es un fenómeno local, son retos a vencer en cualquier ciudad cubana, e incluso más allá de nuestra frontera. Es crear conciencia sobre un problema que puede ser invisible a los ojos de muchos, en ese sentido la divulgación ayuda a traer sobre el tapete un tema, de los muchos abordar, en que es necesario lograr el consenso con el concurso de todos en especial de sus planificadores físicos y los principales actores del entramado urbano.

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Páginas de un ex colaborador

La Esquina

Un 360 kilómetro separa a Windhoek, capital de Namibia, del asentamiento urbano de Swakopmund. Por eso, temprano en la mañana, nos ponemos en movimiento para un rutinario contacto de trabajo que yo aprovecho para conocer más a este sorprendente país.

El carro atraviesa la principal calle comercial, ausente aún del intenso flujo vehicular y peatonal, sólo la figura de un señor parado en solitario en una esquina de la urbe destaca en la quietud de la calle.

El chofer de repente detiene el auto, se disculpa y apura el paso en dirección a un mercado cercano. La pausa me ayuda a recordar que en los viajes diarios al trabajo dirigía siempre la mirada a este enigmático señor, ya entrado en años, que permanece estoicamente en una esquina de la arteria comercial indiferente al cambiante clima del lugar.

El namibiano no parece despertar la curiosidad de sus impasibles compatriotas y sí la indagación de mis colegas cubanos que expresan las más oscuras conjeturas sobre la pérdida de un familiar en esta esquina de la ciudad.

Supongo que esa es la razón que debe haber llevado a este pobre hombre, de forma compulsiva, en volver cada día al mismo sitio por más de una década.

Sin duda, resulta difícil conocer las ignotas razones que mueven las pasiones de los seres humanos.

Una estridente e imperativa voz, en el poco familiar idioma afrikáans, me saca de mi estado meditabundo.

– ¿Será un pariente cercano? – pienso compasivo, ante el aparente estado de desamparo del anciano.

Mientras el carro se pone en movimiento sigo escuchando un inidentificable, repetitivo, y ahora tenue sonido, que un desconocido profiere con marcada e inexplicable insistencia.

¡Sekuriteitswag! ¡Sekuriteitswag!! ¡Sekuriteitswag!!![1]

[1] Guardia de seguridad en idioma afrikáans.

                                                                      *****************

Dejando atrás la ciudad emprendemos el largo y monótono recorrido caracterizado por grandes extensiones de terreno donde crece un pasto de color amarillo opaco golpeado por una persistente sequía propia de esta época del año.
Contados asentamientos aparecen a lo largo de la vía, los cuales se van haciendo cada vez más escasos hasta desaparecer totalmente, enfrentándonos a un brusco cambio del paisaje, que abre su perspectiva visual para permitirnos observar el imponente desierto de Namib, donde la única actividad humana que se percibe es el ligero tránsito por la ruta de comunicación en la que viajamos y cercanas explotaciones mineras donde destaca la mina de uranio a cielo abierto más grande del mundo.
Extensos espacios desprovistos de vegetación son salpicados por formaciones de montañas. Desde el horizonte parecen tomar coloración azul oscuro o negra, matizado por grandes manchas blancas, estas últimas resultado de los grandes depósitos de arenas que se acumulan en su base arrastradas por los vientos, dándole un inusual aspecto.
Sin que nos percatemos, el clima cálido dotado de un cielo azul intenso, que hace evocar al lejano trópico, empieza a ser cubierto por la bruma que se aprecia más acentuada en el horizonte, anunciando la proximidad de la costa Atlántica, donde se ubica el asentamiento urbano de Swakopmund, capital administrativa de la región de Erongo.
La neblina cubre amplias zonas costeras adentrándose varios kilómetros tierra adentro, originada por la corriente de Benguela que es un flujo de aguas frías que se dirige al norte siguiendo la costa oeste de África y produce densas nieblas oceánicas la mayor parte del año; responsable en el pasado, junto con las fuertes marejadas y la existencia de peligrosos bancos de arenas, de un cementerio de barcos depositados en su costa en la zona conocida como “Costa de los Esqueletos”, en referencia a los pecios precipitados hacia su litoral y devorados lentamente por la agreste naturaleza del lugar.
Un encapotado cielo gris, acompañado de la percepción de una fuerte humedad y una inesperada temperatura fría nos da la bienvenida en la ciudad de Swakopmund.
Sin tener información previa, en mi primera visita al sitio, del que sólo conocía el inexacto término de afortunados colegas que lo describían, como un lugar bonito. Pobre calificativo para designar un espacio único, por no decir mágico.
Su mercado de artesanías se destaca por la diversidad de las piezas trabajadas en madera y piedras del lugar. Inseparable a esta actividad económica, mujeres himba del norte de Namibia, con sus hijos acuesta, formando parte del ambiente del emplazamiento, en un intento por buscar un sustento para su familia a expensas de los curiosos turistas que visitan el sitio.
Hechas las primeras diligencias de labor, me acojo a la hospitalidad de un colega de profesión que no ignora la impaciencia que tengo por mirar algo de la belleza del lugar antes de la caída de la noche.
Las fotos que logré tomar no le hacen justicia a la ciudad, la bruma y el atardecer conspiran con la calidad de las imágenes. Así que, bien temprano en la mañana, reto a la suerte, sólo dispongo de menos de dos horas antes empezar un nuevo contacto de trabajo.
El muelle de la ciudad costera es especialmente llamativo. Veo un cartel con el nombre, ¨Jetty¨, que identifica el lugar, que yo asocio, erróneamente, al mediatizado ¨Yeti, el abominable hombre de las nieves¨, reforzada esta creencia por una rústica escultura de un hombre primitivo sentado, esculpida en piedra, que parece dar la bienvenida a los emocionados visitantes que quedan atrapados por la belleza del paisaje marino.

El Muelle

Veo acercarse por su espigón a una señora sonriente.

– ¿Le gusta la ciudad? – me pregunta con una inusual familiaridad.

Le confieso que es un sitio único. Mis palabras parecen iluminar su rostro.

Se ve que usted entiende – me dice enigmática.

¿Está de paso? – La interrogo curioso, tal vez, porque la había observado hacer fotos con su celular.

– Vivo aquí hace muchos años, pero todos los días vuelvo al lugar a tomar nuevas instantáneas – me responde nostálgica.

– ¿Acaso no son las mismas imágenes? – se me escapa una interrogante desafortunada.

– ¡No!, cada día encuentro sutiles detalles que me hacen volver a este sitio de añoranza – me expresa con énfasis, y cierto enojo a la vez.

Sus ojos azules me miran con desilusión, frunce el ceño, da media vuelta y se marcha sin despedirse.

La veo desvanecerse en la neblina que envuelve toda la ciudad, causada por la corriente fría de Benguela.

Me pregunto, ¿qué sentimiento quedó inconcluso en esta señora que todos los días se repite a sí misma, tratando de encontrar algo que se perdió?

En mi mente, la opresiva duda.

¿Acaso será una nueva Penélope?

                                                                                *****************

Hacia el interior del asentamiento urbano vistosas señaléticas anunciando nombres de calles y anuncios publicitarios en idioma afrikáans, la lengua de los antiguos colonizadores nativos.
El panorama visual está impregnado de un carácter novelesco con sus hermosas e impecables construcciones que adornaban la urbe, reflejo de la arquitectura de estilo colonial alemán, que se nos muestra en buena parte de su entramado urbano.
En un país donde predominan las personas de color, la ciudad parece desmentir las estadísticas, con un claro predominio de la población blanca, al menos en la parte central del sitio, que impone su presencia en la vida comercial y social del lugar, aunque no ignoro las verdaderas razones de esta absurda realidad.
El espíritu germánico ronda aún por estas tierras, para orgullo de los descendientes de los antiguos colonizadores, revelándonos un espacio propio de vitrina urbana. En un vano intento de hacernos olvidar su pasado colonial, teniendo el triste mérito de haber albergado en su suelo uno de los campos de exterminios creados en estas tierras, que segó la vida de una buena parte de las etnias, nama y herero, identificándose como los precursores de los primeros intentos de genocidios del siglo XX. Historia antecesora de los campos de la muerte nazis que se hicieron tristemente famosos a lugares como, Auschwitz, en Polonia.
Toda esta mezcla de estilos arquitectónicos, raciales, climático, gráfico, idiomático, e histórico me hacían pensar en una absurda paradoja en que era posible viajar en el tiempo, desde esta tierra africana, a la Europa milenaria, en especialmente a Alemania, lo que no deja de provocarme fuertes evocaciones de juventud.

Hala

La arquitecta, estudiaba en la misma universidad alemana donde ambos realizábamos un curso de postgrado de la especialidad. De ella sólo conocía el nombre y su origen árabe.

En mi primer intento de presentarme de forma familiar, como es común en mi país y buena parte del mundo, reaccionó con un gran salto hacia atrás.

– ¡No toques mi cuerpo! – dijo en un alterado inglés.

El roce diario e intereses comunes nos unieron. Con sorpresa descubrimos que el traje social que nos arropaba, no nos hacía sustancialmente diferente.

Los fines de semana era encuentro obligado visitar el centro de la ciudad, aún dividida por el muro de Berlín.

– ¿Qué estilo arquitectónico es ese? – preguntaba, a modo de reto. Poniéndome a prueba una y otra vez.

Ella amaba los inmuebles notables de la urbe.

– Es una arquitectura clásica – afirmaba con timidez, al recordar de forma somera los estilos arquitectónicos alemanes.

La última vez que la vi recuerdo que vestía un suéter azul, con una larga falda negra y botas altas. Su expuesta cabeza mostraba un pelo color azabache que hacia un fuerte contraste con su piel.

Percibía, de forma viva, la emoción del momento reflejado en su rostro. Evocó su pequeño trote sobre el andén del tren, en un nostálgico, y ahora sé, definitivo adiós.

Con demasiada frecuencia leo, en creciente aprensión, que una injusta e interminable guerra es causa de dolor y muerte en su país, destruyendo su vital espacio edificado.

Por desgracia, nada sé de ella. Ojalá se encuentre a salvo.

                                                                       *****************

La himba

El chofer namibiano me saca de mi meditación y me pregunta por el nuevo itinerario, le indico poner rumbo norte, cerca de la frontera con el sur de Angola, en dirección del pueblo de Opuwo, capital de la región de Kunene.

Esta tierra fue conocida en el pasado como el bantustan de Kaokoland y hogar del grupo étnico himba, que está estrechamente ligado con los hereros, con quienes comparten sus orígenes; así como el idioma otjiherero.

Es unas de los territorios menos desarrollados del país, pero es a su vez uno de los lugares más atractivo que cualquier viajante puede encontrar, su topografía ondulada y la aridez marcada de su suelo, hace inviable el desarrollo extensivo de cultivo agrícola y sólo la ganadería parece prosperar en el lugar.

El contacto con su realidad hace pensar en una ventana al pasado al ver como se conservan vivas las tradiciones ancestrales de su pueblo.

Una nube de polvo parece envolver al lugar provocado por fuertes vientos que levanta el volátil suelo arenoso del pueblo de Opuwo. Entre la bruma aparecen sus insólitos personajes que conviven con tranquilidad con su agreste naturaleza.

Los himba llevan poca ropa, pero sus mujeres usan una gran cantidad de ornamentos al estilo de collares y brazaletes que le dan un semblante peculiar.

Mi primer intento de acercarme a la cultura de este pueblo comenzó con la tentativa de fotografiar una joven himba con su hijo sujeto a su espalda.

Ella me miró con curiosidad. Adelantándose a mi propósito, abrió dos veces seguidas sus manos. Era muy claro el mensaje, pedía 20 dólares namibianos, algo más de dos dólares estadounidense, por dejarse fotografiar.

La imité y abrí solo una vez mis dedos, ella pareció aceptar, con aparente resignación, y a su vez extrajo de un paño dos hermosas pulseras que incluyó como parte de un nuevo trato por 10 dólares namibiano más, comprendí el juego del regateo, y acepté.

Las fotografías se hacían difíciles en un ambiente de baja visibilidad por el fuerte viento y la alborotada arena del desierto.

Aun así, bajo el lente de la cámara, veía una cara tranquila, aunque inexpresiva. Su piel rojiza, adornaba su cabeza con largas trenza cubierta con igual mezcla de color ocre y terminaba en una especie de adorno en forma de borlas hechos con lana de oveja.

Hice un nuevo gesto, juntando las manos en mi cara, para aludir al lugar dónde duerme. En realidad, me interesaba saber la ubicación de su hogar, solo para recibir la impresión de que no entendió mi indagación.

Me dirigió una mirada escrutiñadora, dio una vuelta a mí alrededor, hizo un gesto de negación con la cabeza. Supongo que solo vio un extranjero cuyo único objeto de valor visible era su cámara fotográfica. Cruzó la calle e hizo una seña con la mano para que la siguiera, indicándome una pequeña tienda.

En el establecimiento abarrotado de mercancías estaba desierto, si exceptuamos un chino y dos empleados nativos que me miraron interrogantes.

La joven recorrió el local buscando algo. Pensé que era demasiado esfuerzo por tan pocas fotos, y decidí marcharme. La muchacha corrió hacia mí, repitió insistentemente mi último gesto y me llevó a un estante donde había un rústico cuchillo con su funda, no había más remedio, se lo compré, pero para mi sorpresa, no aceptó el regalo, ¿y entonces? No pude evitar la exclamación.

Marchamos sobre una vía de tierra. A poco más de un kilómetro del sitio, en un descampado, en medio de la nada, había pobres cabañas, algunos animales, muchas mujeres y niños, en contraste con los contados hombres que estaban visibles.

Caminamos hacia una vivienda de adobe, gajos y paja, ella me miró, abriendo sus grandes ojos, tocó el cuchillo y me señaló que lo depositara en el polvoriento suelo.

No había iniciado el gesto, cuando otras dos himba, que se acercaban a nosotros, retrocedieron al escuchar una fuerte voz de un hombre que salía de la choza, presumí que era el jefe de la aldea. Miró el presente, sonrió, y solo hizo un gesto con la mano.

Con lo que di por sentado su aprobación y la posibilidad de recorrer el pequeño lugar. Otras cabañas se agrupaban en el sitio, algunas mujeres realizaban diversas faenas acompañadas de sus hijos.

La himba que me había servido de guía me llevó hacia un grupo que se congregaba detrás de la choza, articulaban armónicamente un extraño sonido. En centro del gentío había una pequeña que era sostenida por su madre, con evidente aspecto de estar enferma.

– ¿Qué tendrá la niña, y qué dirán con esas plegarías? – murmuré en voz alta

 – Su canción – dijo con énfasis mi anfitriona.

Para mi sorpresa, por primera vez la oía articular palabras, en un inglés que pronunciaba de una manera muy peculiar.

 – ¿Sabes inglés? – pregunté ansioso, y lleno de esperanza a la vez, ante la posibilidad de poder cruzar el puente de la incomunicación que había creado la insondable lengua nativa, el otjiherero.

 – Su canción – volvió a repetir la himba de manera obstinada.

Seguimos recorriendo el sitio hasta la última cabaña y otra vez la escena se repetía, pero en otro ambiente. La centralidad del grupo era ocupada por una himba adulta que se veía feliz en medio de un supuesto jolgorio, a juzgar por la expresión de alegría de los participantes. Las personas cantaban, esta vez el sonido se me antojaba muy diferente al anterior.

Una vez más la interrogué con la mirada.

 – Su canción – dijo con firmeza la muchacha.

Miré con curiosidad a la joven, pensé que, tal vez, eran las únicas palabras en inglés que conocía, ¿y si no fuera así, después de todo?

 – Tú canción – le dije, de forma imperativa a la himba, apostando a una corazonada.

Ella empezó a entonar una melodía única y yo perplejo la escuchaba, esperando desentrañar el laberinto de sus tradiciones.

Mi canción – dijo la himba con orgullo – parecía otra persona, con un rostro inspirado, que le daba una expresión de belleza.

La inevitable introspección llegó, con una vacilante pregunta en cierne.

 – ¿Acaso todos los himba tienen, a modo de un sello de identidad, sus propias canciones? – pensé, sin la esperanza de encontrar, al menos por ahora, una pronta respuesta.

Dubitativo, pero feliz me alejé del lugar.

Su canción, tú canción, mi canción… improvisé una desatinada tonada, contagiado por la magia creativa de su gente.

                                                             *****************

El Centro Comercial

Ya de regreso a su capital, Windhoek, vuelvo a la rutinaria diaria del trabajo y la casa. Terminada por hoy las labores domésticas del día, ahora sé que no tendré pretexto para evitar pensar en los temas recurrentes de siempre: el verdor del paisaje lejano, la familia, el disfrute de la gente en la calle.

Aquí vivo en una isla, y no precisamente por estar rodeado de mar. La casa donde resido, transitoriamente, es grande, está en el justo medio del patio. Cuatro cuartos, dos baños, una amplia cocina, sala-comedor y el portal.

Un portal que nunca uso, para qué, recuerdo haber estudiado que los corredores son elementos de transición entre el espacio interior y exterior, pero las visuales de mi exterior es solo un largo, alto y electrificado muro que rodea el hogar.

Tiene dos entradas, una clausurada, lógico, que lleva al portal y otra que es la entrada del carro y también de la gente que no lo tienen.

Afuera hay poco que ver. Qué raro, recuerdo haber escrito algo sobre un barrio de mi ciudad tropical, donde decía que el portal de las casas es la continuidad de la calle, un espacio público que se usa como lugar de encuentro, de juegos de niños, jóvenes y adultos.

Para ser preciso la calle que me acoge está rodeada de iguales tapias, con altas alambradas y un espacio de transición a la vía sin pavimentar donde aflora la arena de colores beige y rosado para recordarnos la aridez del suelo de la capital namibiana. En el largo, y silencioso, espacio asfaltado hay tres casas. De sus dueños sé, solo el color de sus autos.

El sitio focal principal es su centro comercial, aunque compro las provisiones del mes en días señalados, me reservo para el diario la adquisición del pan, supongo que es un pretexto para visitar el único punto de animación cercano de la zona.

En el horario de la tarde-noche es principalmente movido, decenas de personas circulan por sus estanterías muy concentrado en sus compras y sin reparar en las personas que los rodean, solo las llamadas ocasionales de sus celulares devuelven un poco de humanidad a sus preocupados rostros.

Hoy debía ser un día cualquiera, pero no lo fue. Después de tantos meses se quebró la rutina.

Una hermosa mujer, cogida de la mano de un señor, acudió al lugar. Vestía deportivamente, con su pelo largo recogido, blanca su piel, menuda, tal vez pasaba los 40 años, de ojos vivo e inteligente.

Nos miramos de soslayo y sentí lo diferente. Cada desplazamiento en las numerosas filas de estantes era un nuevo encuentro, silencioso e interrogante. No apartaba sus ojos de mí, supongo que los míos corrían igual suerte. El hombre la tomaba por la cintura y ella, osada, adoptaba una extraña posición, con el torso torcido, se la arreglaba para dirigir miradas de soslayo de vez en vez.

La vi alejarse en dirección al parqueo, montarse en el carro, oí el encendido de su auto y justo al llegar yo a la salida abrió la puerta del vehículo y de forma inexplicable apuró el paso hacia mí.

– Dígame, por favor, por qué usted me miraba de esa manera tan, pero tan diferente – expresó ansiosa.

No supe que responderle, tal vez, si ella supiera, si pudiera entender esa terrible necesidad de sentir, de forma viva, su humanidad.

-Y usted por qué lo hacía – solo logré articular de forma torpe.

-Porque lo necesito mucho, discúlpeme – dijo con la voz entrecortada, y se marchó sin decir adiós, al llamado perentorio de su pareja.

Sentí pena por ella, ¿cuál será su historia? Después de todo, mí tiempo de trabajo, en este país hermano, es sólo temporal – Pensé con alivio.

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…Y si el profesor fuera cirujano

Se imaginan un día que llamen al profesor a su centro laboral para que se presente con inmediatez al hospital y sin previa junta médica, ni análisis de laboratorio, u otro medio digital de examen diagnóstico, entre al salón a realizar una complicada operación del corazón y cinco minutos después el paciente fallezca. Claro que nadie hará eso, esta situación es solo posible en una pesadilla del que, por suerte, se logra despertar.
Sin embargo, otra cosa sucede con la ciudad, donde muchos actúan para dejar su huella, como afirmación de gustos y valores, a veces con acierto y lamentablemente con no pocos yerros.
Parece ser que el intrusismo profesional está de moda. Debían saber que al igual que la respetada profesión médica, hay un grupo de profesionales que tienen licencias para proyectar y actuar en su espacio físico, encabezado por los arquitectos especializados en Diseño Arquitectónico y Urbano, apoyado por un grupo de profesiones afines vinculadas a la rama de la ingeniería, la licenciatura y la cultura. Otros son los encargados de hacer los sueños realidad, o postergarlos para mejores momentos, por razones materiales o financiera.
Los juicios suelen ser diversos están vinculados a esa manía que se hereda desde la época primitiva de dejar su impronta en las cavernas, por suerte ya superada, pero aún en estado latente.
Otros no hacen bien el necesario papel de asesores, por aquella errónea y poca valiente posición, de no ir a contracorriente, a pesar de estar pertrechado de buenas razones técnica, con lo cual hacen un daño invaluable en la toma de decisiones acertadas.
Otras veces es la presunción de los actores de la equivocada creencia que son dueños de los saberes y subvaloran el papel de la participación colectiva, apreciándola como herramienta responsable de ralentiza los procesos en el logro de metas más expeditas.
La ciudad es una estructura compleja donde sus ciudadanos interactúan en el ámbito productivo y social, con visiones e intereses diferentes sobre un espacio, por demás finito, y por eso, es motivo de conflicto, lo cual lleva a una lógica conclusión: actores, decisores y ciudadanos, deben unirse, aprovechando las sinergias en el logro de metas comunes.
En ese esfuerzo de ordenar ¨el caos¨ vienen los urbanistas, en su acepción más amplia, elaborando Planes Urbanos, con el esfuerzo de todos, hasta su aprobación, y uso, por decisores y actores de la ciudad, permitiendo hacer crecer el entramado urbano con nuevos proyectos arquitectónicos, en una urbe ordenada donde se conoce el uso y destino del suelo en todo su espacio citadino. Soñamos con tales propósitos y nos esforzamos por hacer realidad la utopía.
Tanto esfuerzo de prestigiosos profesionales con una sola meta en común:
¡Hacer feliz a la humanidad que en ella hábitat!

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SOS ciudades cubanas.

Estoy preocupado, la ciudad de Bayamo está haciendo poco por recuperar su masa verde. Se talan muchos árboles y se siembran muy pocos. Incide negativamente: el crecimiento urbano, las restricciones que impone las redes técnicas, los planes de atenuación contra eventos hidrometereológicos, al falso gusto estético de un mobiliario urbano inanimado sobre la belleza natural, la irresponsabilidad ciudadana…

Debían saber que el principal problema ambiental, a riesgo de ir contracorriente, no son los terremotos, ni los desastres tecnológicos o biológicos, ni los eventos hidrometereológicos, todos cuentan con planes detallados de enfrentamientos a estos sucesos que aparecen, por demás, de forma esporádica.

¡Es la elevación de la temperatura! Que va más allá de las molestias en el confort climático, con su agobiante calor durante casi todo el año,  y está asociado a la salud de las personas y la propia conservación de la vida humana en el planeta.

Usted no lo va a creer las muchas cosas que se pueden hacer, en variadas  esferas de la vida humana, para su atenuación, donde prácticamente hay pocas acciones prácticas, incluso por los organismos rectores, para lograr su mitigación, más allá de los programas priorizados para disminución de las emisiones de gases de efectos invernadero que representa la causa principal de las altas temperaturas y que requerirán muchas décadas de esfuerzo e inversiones para lograr una moderación significativa, y mientras tanto ¿qué pasa?, ¿sólo nos queda soportar el calor?

Las áreas verdes juegan un papel importante. El calor recibido, en ausencia de arbolado, puede elevar notablemente los grados de calor que usted recibe. Se ha convertido en una práctica normal  autorizar la tala de árboles por las más variadas razones. Ejemplos de malas prácticas en la tala de árboles o la siembra de especies inadecuadas que tendrá, por tanto, corta vida, tenemos en todas las ciudades.
Los organismos especializados deben trabajar con urgencia en un Plan de Contingencia a corto plazo, para la atenuación de las altas temperaturas, como hoy lo hacen, a largo plazo, para la reducción de los gases de efecto invernadero,  que permita mejorar el confort urbano y la salud de sus ciudadanos.

La Dr. Gina Rey, es una referencia en el país sobre temas urbanos, tuvo la gentileza de participar en el debate sobre el tema de las áreas verdes, exponiendo  los esfuerzos que realiza la capital del país para sensibilizar a mucho con un tema que golpea a la mayoría de nuestras ciudades y que puede indicar la dirección a seguir para enfrentar la situación existente.

Ella expresó:

¨En La Habana se creó u grupo de trabajo presidido por la Fundación ¨Núñez Jiménez¨ al que hemos llamado iniciativa Pro Arbolado, se han integrado el Jardín Botánico Nacional, la Dirección Forestal del MINAG, la Facultad de Arquitectura, la UNAICC, expertos en áreas verdes jubilados, aún no hemos logrado que se incorpore la Unidad de Áreas Verdes de la Dirección de Comunales, pero hay que continuar insistiendo. Hemos elaborado una estrategia para las áreas verdes de la ciudad y lo presentaremos al gobierno para su consideración.

Uno de los logros ha sido restituir el ¨Día del Árbol¨ el 21 de junio para rescatar el compromiso ciudadano con el árbol, se han sembrado arboles con niños de las escuelas, en algunas cuadras, en organismos que tienes espacios de manera simbólica para hacer conciencia poco a poco e irlo extendiendo.

Es muy importante que la Dirección de Educación participe aquí no lo hemos logrado todavía, pero siempre existe algún espíritu receptivo donde menos pueda pensarse, no podemos renunciar pues la razón está de nuestra parte

No estamos satisfechos pero seguimos batallando, pues no existe sensibilidad hacia el arbolado de las ciudades¨.

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Decisiones impostergables por tomar.

Una reunión de trabajo de la Plataforma Articulada para el Desarrollo Integral de los Territorios (PADIT) para debatir de indicadores económico y el desarrollo de la Estrategia en el municipio de Bayamo, unido a un reportaje de la televisión cubana, desde de la vecina provincia de Holguín, sobre esta temática, fueron elementos motivadores para retomar nuevamente un tópico abordado en un artículo anterior intitulado ¨Una opinión sobre temas para nada menudos¨.
Recuerdo que la primera vez que oí hablar de estrategia, vinculada al desarrollo de los Planes Generales de Ordenamiento Territorial, corría los primeros años de la década del 90 del siglo pasado y a pesar de haber surgido la primera Guía Metodológica sobre su realización había aspectos, como la realización de la estrategia, que no quedaban suficiente esclarecido en el ¨cómo se hace¨.
Así que en la búsqueda de respuestas no puedo dejar de evocar la intensa indagación en el Centro de Documentación Científico-Técnica del Instituto de Planificación Física, donde términos viejos-nuevos empezaban a ser familiares, desde su origen (surge en el siglo V a.C en Grecia vinculada a la actividad miliar, a partir de los años 40 del siglo pasado empieza su uso en el mundo empresarial y territorial) hasta el empleo de términos y procesos, como matrices, escenarios, visión, líneas estratégicas…para poder superar los desafíos económico-social y del espacio físico en el escenario municipal y provincial.
Durante varias décadas los planes estratégicos sufrieron sucesivas actualizaciones en contenido y perfeccionamiento metodológico, como instrumento técnico y jurídico con diferentes niveles de aprobación hasta llegar su presentación al Consejo de Ministro, para su posterior uso por autoridades y sus principales actores a sus diversas instancias.
Su importancia quedó plasmado en la reciente aprobada Constitución de la República de Cuba, en su Artículo 179, en el cumplir y hacer cumplir, en lo que le concierne, la Constitución y las leyes; se aprueba en su apartado e) exigir y controlar el cumplimiento de los planes de desarrollo y de ordenamiento territorial y urbano.
Los Planes Generales de Ordenamiento Territorial básicamente materializan en sus salidas las políticas del país, expresado en el Esquema Nacional de Ordenamiento Territorial (ENOT) y esencialmente se compone de un diagnóstico y una propuesta estratégica con salidas de regulaciones territoriales y urbanas (lo que se permite o no en un espacio físico), acciones y programas que responden a los diversas líneas estratégicas, catálogos de proyectos, entre otras.
Este instrumento debería jugar un importante papel en la toma de decisiones de sus autoridades, aunque en contenido y metodológicamente necesitaba de su perfeccionamiento.
En su esencia su diagnóstico tiene dos componentes, problemas y potencialidades, en ocasiones se enfatiza las dificultades de un territorio por encima de las potencialidades que tiene para resolver esas propias trabas.
Por otra parte, aunque está en la esencia metodológica del Plan, no siempre la expresión territorial y económica marchaban fusionadas, tal vez, por el papel pasivo (espectadores) de los decisores en su conformación. Esa dificultad propició, entre otros factores, el surgimiento de Planes de Desarrollo Integrados (PDI) donde se logra un protagonismo de las autoridades que son conformadores importante y consumidores del propio instrumento de toma de decisiones.
El surgimiento Plataforma Articulada para el Desarrollo Integral de los Territorios (PADIT), que es un programa de apoyo al fortalecimiento de las capacidades institucionales para la planificación y la gestión en el desarrollo territorial, resultó un paso hacia adelante en la aspiración de superar lo estancos metodológicos y participativos, permitiendo que todos los actores sean verdaderos protagonistas del desarrollo de la estrategia local. Donde la definición de los problemas, la jerarquización de sus prioridades permitan las iniciativas de desarrollo económico-social.
Si hablo con transparencia, y esta es una opinión personal, que comparten muchos colegas de trabajo de amplia experiencia profesional, lo cierto es que el propio Plan General de Ordenamiento Territorial elaborado por Planificación Física, apoyado en su Sistema de trabajo en todos los municipios del país, funcionan con iguales metas.
Resulta ilustrativo la experiencia participativa de Consultas Urbanas en Granma, en especial en Bayamo que celebró la primera Consulta Urbana del país en el 2003. Previamente se había actualizado el Plan de la ciudad, con la realización de un diagnóstico urbano-ambiental, la selección de las prioridades, con los problemas más acuciante de la vida urbana, y la articulación de proyectos con la cooperación descentralizada y estatal, con el protagonismo y la participación local. La realización de las carteras de proyectos que permitían iniciativas de desarrollo económico-social del territorio.
Lo cierto que los instrumentos metodológicos deben ser actualizado, evitar la duplicidad en la labor de planeamiento, recordar que los Planes Municipales son algo más que diagnósticos que se pueden incorporar a las diversas plataformas. El Plan se realiza con un enfoque estratégico, Con su conocida matiz DAFO (debilidades, Amenaza, Fortaleza y oportunidades) elaboración de escenario, Visión, ejes estratégicos y las variadas salidas del mismo.
Pienso que es hora de la toma de decisiones, evitando la duplicidad en los pasos, acortando tiempo en la realización de iguales tareas, por ejemplo en la elaboración de la estrategia de los territorios, usando y actualizando lo ya creado, sin repetir procesos, bajo el principio que las estrategias en el desarrollo de un municipio nos pertenece a todos.
El país espera por nosotros, hagámoslo usando las sinergias y la experiencia acumulada de todos.

 

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Historias Prohibidas…

 

Siempre que pienso en monumentos, y en el mundo se hacen muchos, creo que falta uno muy especial, el monumento a la «mujer cubana» y si hubiera para dos, el obelisco a la «creatividad del cubano». Ustedes instituyen las razones.      

El cubano es reflejo de todas las características del latino, pero adicionalmente ha incorporado a su personalidad instintos condicionados por la adversidad, provocado por las limitaciones económicas, que le han permitido sobrevivir a las más duras pruebas.

Se manifiesta en su carácter solidario, su optimismo y en un comportamiento adaptativo, que yo prefiero nombrar como, «filosofía de la resistencia».

Ahora el tema del bloqueo contra nuestro país vuelve a la palestra con renovada fuerza, si es que alguna vez estuvo ausente de la mente de los cubanos, donde cada día debe enfrentar con optimismo las duras pruebas que, en el orden material, y no sé por qué en el apenas abordado daño espiritual, que ha infringido a nuestra gente.

La mayoría de la población cubana nació bajo el bloqueo. En la primera mitad de la década de los años 90, del siglo pasado, vivimos una de las pruebas más duras de nuestra historia, durante el llamado, «Período Especial».

Con la caída del campo Socialista, la economía sufrió un impacto, con la pérdida de la mayor parte de nuestro comercio Exterior y un brusco descenso del Producto Interno Bruto.

Son cifras frías, que no muestran lo que significó para el ciudadano común. En ese período, con las ciudades a oscuras, o como dicen los ocurrentes dominicanos, «con algunos alumbrones» que refleja mejor, las escasas horas de luz, de los cotidianos apagones eléctricos

Con apenas transporte público. Pagando a precios prohibitivos los alimentos y cada uno de las cosas vitales y necesarias para nuestra propia supervivencia, a pesar del extraordinario esfuerzo del Estado por proteger a la población, en especial a los grupos vulnerables.

Con nuestras mujeres haciendo proezas en el hogar. A falta de transporte, subirse en una bicicleta para recorrer diariamente muchos kilómetros, en viajes de ida y regreso al trabajo o a la casa de estudio. Enfrentando cada día con valentía los avatares de la crítica situación del país.

En un bloqueo   más recrudecido que nunca, para dar   el golpe definitivo a la nación herida.

Nuestro pueblo ha sufrido en carne propia un hostil acoso durante décadas. La historia de estos años es la sumatoria de pequeños fragmentos de las vidas de cada uno de sus habitantes.

Es el relato de un pueblo que paga un precio muy alto por su independencia.

Con frecuente escucho algunas personas, y leo en diversos medios, minimizar el papel negativo del bloqueo y maximizar nuestras propias insuficiencias, que son reales, y deben ser superadas, y no puedo menos que asombrarme cada vez que veo a grandes países desarrollados afectados por sanciones comerciales, o simplemente por prácticas comerciales desleales, hablar del impacto terrible que tienen para sus economías, y me pregunto con asombro, ¿qué decir de Cuba? 

Pienso en nuestra gente que ha pasado durante más de medio siglo una de las pruebas más dura cometida contra una nación, que aún persiste con fuerza, con su carga de daños materiales y espirituales contra la familia cubana. Donde han quedado plasmados, en pequeños pedazos de vidas anónimas, sus hazañas, en permanente batallar contra las adversidades.  

Son historias prohibidas de olvidar por nuestro pueblo, como enseñanza y punto de partida de los nuevos y viejos retos a enfrentar, bajo la guía de una frase guerrillera, que, como verdad de Perogrullo, está en la mente de todos los cubanos como reflejo de la voluntad de la nación cubana.

(Texto y foto del autor)

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Bayamo, el de todos.

Casi todas las ciudades del mundo tienen dos caras, una que es orgullo e identidad cultural de sus habitantes y otra que batalla por ser parte de una misma historia, y en que el esfuerzo social pugna por transformar a su entorno, tal vez, en un dilatado espacio temporal. En un ciclo permanente de ensanches y consolidación de las urbes.

Cuando evoco a Bayamo, no puedo dejar de pensar en los encantos de su centro fundacional, en contraste, no sin razón, con la otra visión crítica que enfatiza sus carencias.

Un necesario distanciamiento es la mejor manera de reflexionar sobre este espinoso asunto, que permita entender los procesos naturales e históricos que determinaron su conformación actual.


Su río, que  la dotó de fértiles tierras, fue elemento decisivo en su fundación. Su título de ciudad de 1837 le dio una nueva jerarquía. Desastres naturales y la guerra necesaria, de la segunda mitad del siglo XIX, la ubicaron en el pináculo de la historia patria.


La acción heroica de sus pobladores al darle fuego a la ciudad ante que entregarla a los españoles, se inscribe en las acciones patrióticas del pueblo; también hubo que pagar un costo por ello, llevando a la ruina gran parte de su patrimonio arquitectónico y la vida productiva de la misma. Tan es así que algunas fuentes señalan sólo la existencia de 4 000 bayameses al finalizar la guerra a inicio del siglo XX, ya en el año de 1959, había alcanzado una cifra cercana a los 29 000 habitantes.

En un tiempo relativamente breve la ciudad elevó su población en más de cinco veces acercándose a los 160 000 habitantes, lo cual ha tenido, y tiene, un impacto en todo el entramado espacial de la ciudad y la vida de sus ciudadanos.


La construcción del ferrocarril en 1910 y la Carretera Central, en los años 30 del siglo pasado, marcaron pauta en la ciudad y de cierta manera representaron umbrales físicos que determinaron su conformación en esos años.


La idea de atenuar las desproporciones territoriales, determinó la implementación de la nueva División Político Administrativa de 1976, que dio origen a la provincia de Granma y designó a Bayamo como su cabecera provincial, fortaleciendo toda la estructura productiva y de servicio de la ciudad convirtiéndola en un atractivo adicional para una inmigración no planificada que empezó a ocupar los espacios libres existentes hasta ese momento al norte del ferrocarril.


Actualmente un porciento importante de sus habitantes viven en ese entorno, que arribaron de forma espontánea, favoreciendo las  ilegalidades, a falta de una planificación oportuna y un adecuado control del espacio físico. Este  crecimiento desbordó la capacidad de respuesta inmediata y complicó el desarrollo orgánico de las urbanizaciones.


Resulta revelador entender  estos procesos al conocer que pasado cuatro centurias,  en su sitio fundacional, aún quedaban muchas acciones de urbanización por ejecutar.

Actualmente  el desarrollo de las fuerzas productivas permite multiplicar la solución de estos acuciantes problemas, asociado al confort urbano.


Sé que la finitud de la vida de las personas, y su derecho a vivir en desarrollo, no puede servir de consuelo la comprensión de las razones históricas – urbanísticas, y demandan con impaciencia, la transformación acelerada del espacio en que desarrollan sus actividades básicas. Aspiraciones que se hace realidad, aún en las duras condiciones económicas y financieras que enfrenta el país.

Los planes de desarrollo enfatizan las acciones en esa área importante de la ciudad, ahora que se ha logrado favorecer el Centro y los Sub-centros de Servicios de Bayamo, para el disfrute de todos sus habitantes.


La ciudad vive un nuevo cambio renovador, dando continuidad a las acciones del pasado que permitieron  transformar el espacio construido y la mentalidad del bayamés.  

Queda aún mucho trabajo por materializar, para hacer realidad los sueños de un solo Bayamo, el de todos.

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Gabriel, el geógrafo de la Cañada del Aguacate

Gabriel no está enfermo, ya pasó la  edad de retiro,  entonces por qué esperar un momento adecuado para hacerlo y no aprovechar hoy, ahora,  para expresarle lo mucho que el colectivo de labor le agradece en el plano profesional y humano.

Nuestro amigo es un personaje singular, suele  expresar su enojo cuando pronuncian incorrectamente  su nombre y lo llaman Grabriel, se queja del equívoco involuntario en el registro civil de su pueblo sobre el nombre escogido por su madre doña Meca en honor al Arcángel Gabriel.

Quesada Reyes es nuestro colega de labor desde hace más de 35 años. Nació en un humilde hogar, en un pequeño asentamiento rural de la provincia  cubana de Granma, conocido como la Cañada del Aguacate.

El lugar del nacimiento, para el colectivo es motivo de chanza por las constantes referencias que hace Gabriel a su lugar de origen de donde parece provenir una fuente inagotable de refranes y peculiaridades propias del lenguaje.

A sus desconcertantes frases sus colegas de labor le llamamos Gabrieladas.

A sí, cuando un estudio  técnico se le atrasa a un compañero de labor, él recomienda darle a comer huevo de hormiga, al infortunado cachazudo.

Si descubre una actitud vacilante en su contraparte sentencia de forma prejuiciosa, a modo de chanza, que esa persona debió comer mucha lechuga y por eso él lo ve pestañando lento.

Cuando el jefe del área lo agobia con muchas tareas se defiende con aquello de que el perro tiene cuatro patas y coge por un solo camino…

Por eso cuando el hombre de campo decidió irse a  la ciudad no se marchó sólo, lo acompañó todo el acervo  cultural heredado capaz de sorprendernos con  sólidos conocimientos en algunas temáticas ambientales y desdoblarse para mostrar una candidez  asombrosa en temas más mundanos.

Después de pasar el servicio militar empezó a trabajar en el llamado Puesto de Mando del Yarey en  la antigua provincia de Oriente, caracterizado por su centralidad geográfica.

Desde su modesto puesto de administrador de la bomba de gasolina del lugar estaba lejos de imaginarse que a sólo unos cientos de metros de distancia otros bisoños y futuros colegas de labor iniciaban su vida laboral.

En el abigarrado conglomerado del ya fenecido  Puesto de Mando se  formaron muchos de los especialistas que nutrieron las nacientes formaciones de planificadores físicos.

Con el apoyo de su jefe inmediato y su  interés de estudiar marcha a la ciudad de La Habana y comienza a trabajar en un centro laboral, que a mí se me antoja que Gabriel lo pronuncia en cámara lenta enfatizando las palabras mágicas, Consejo de Estado, y después pone   mucho más velocidad al  refiere a su oficio específico, almacenero de  la institución.

Y así, en esos juegos del azar, el guajiro de la Cañada del Aguacate matriculó en la Universidad de La Habana la carrera de Licenciatura en Geografía. Ya graduado la casualidad interviene y una oferta de plaza lo detiene desde hace más de tres décadas en la ciudad de Bayamo.

Desde entonces Gabriel realiza múltiples tareas como geógrafo, pero hay una que parece quijotesca, una verdadera batalla contra Molinos de Vientos, en los más de 30 años de duro bregar, en el estudio de los nombres geográficos.

En estos días lo veo feliz, sube y baja escalera, pregunta aquí, indaga allá, trabajo tiene en demasía,   se prepara la edición de un libro sobre los nombres geográficos , estoy seguro que será consulta obligada sobre cualquiera estudio serio en que se aborden los más diversos temas del panorama cubano.

Por ahora Gabriel sonríe, sin apenas sentir el peso de más de 35 años de trabajo ignoto y ya, sin una brizna  oscura en su corazón, como buen hombre llano, parece parafrasear al Quijote y lanzar una expresión de alegría, ¡Cabalgamos Sancho! En hora buena amigo.

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